EPN: PIB inalcanzable. México, edén bancario. Ruiz Esparza, impúdico.

Publicado el Agosto 23, 2017, Bajo Columna de opinión, Autor Ocelotl.

La Jornada / México SA / Carlos Fernández-Vega

Kilométricamente lejana la posibilidad de honrar su palabra notariada (en tiempos de la campaña electoral) en materia de crecimiento económico, el sexenio de Enrique Peña Nieto (mover a México) concluirá en términos similares a los registrados por el de Vicente Fox (el cambio) y el de Felipe Calderón (para vivir mejor), es decir, muy por debajo de lo prometido, alejadísimo de lo que el país requiere para salir del estancamiento de tres décadas y media, y nulo –uno más– en lo que a desarrollo social se refiere.

El Inegi divulgó ayer el avance del producto interno bruto (PIB) entre abril y junio del presente año, el cual fue de 0.6 por ciento respecto del trimestre previo; de 2.3 por ciento en el primer semestre de 2017 (2.4 por ciento en el mismo lapso de 2016) y de 3 por ciento si el indicador se anualiza. Nada mal, dirán algunos.

Sin embargo, hay que recordar que el ahora inquilino de Los Pinos se comprometió a que, una vez aprobadas sus reformas –las cuales, versión oficial, aportarían 2 puntos adicionales al crecimiento–, la economía avanzaría a paso veloz, de tal suerte que la tasa anual promedio del sexenio sería de 5 por ciento.

Pero la realidad es cruda, y transcurridos casi cinco años de gobierno (con todas las reformas aprobadas y en operación) el promedio de crecimiento (incluida la perspectiva oficial de que en 2017 el registro sea de 3 por ciento, el cual, de concretarse, sería el mayor de la administración peñanietista) a duras penas llegaría a 2.2 por ciento (menos de la mitad de lo ofrecido), una proporción igual a la foxista (2.3 por ciento) y apenas por arriba de la calderonista (1.9 por ciento). Ello, desde luego, si en 2018 no se reporta alguno de esos terremotos característicos de las administraciones tricolores.

El Inegi también divulgó el PIB a precios corrientes, y en este sentido el valor del producto nacional cerró junio pasado en 20 billones 778 mil millones de pesos, monto que se traduce en alrededor de un billón 154 mil millones de dólares, por debajo del billón 270 mil millones de billetes verdes que reportó en 2013. Aquí la devaluación (ajuste temporal y/ volatilidad pasajera), según la versión oficial, hizo su chamba.

Y a estas alturas, en esta República que alguna vez soñó en convertirse en potencia industrial para así cimentar su desarrollo y acceso al primer mundo, del citado monto nominal del PIB casi dos terceras partes corresponden al sector de los servicios.

Pero, como siempre, hay de riqueza a riqueza, y la generada en el país cada vez se queda en menos manos, a grado tal que de acuerdo con la estadística oficial 50 por ciento del ingreso lo acapara el 10 por ciento de la población más rica. Mucho, para muy pocos.

Para ejemplificar lo anterior hay que poner atención en la más reciente información de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), que La Jornada (Roberto González Amador) resume así: el conjunto de 23 grupos financieros que opera en México obtuvo en el primer semestre del año utilidades netas (limpias de polvo y paja) por 77 mil millones de pesos (de ellos, 52 mil millones los acaparan sólo cuatro grupos), una cantidad 24.7 por ciento mayor a la reportada en el mismo periodo de 2016.

Y algo más: la tasa de crecimiento de las ganancias de los grupos financieros en el último año multiplicó por ocho la dinámica de desempeño de la economía en su conjunto. Las ganancias de los grupos financieros en el primer semestre de este año superaron en 15 mil 200 millones de pesos a las obtenidas en el mismo periodo de 2016. En conjunto, los 23 grupos financieros que tienen actividad en el país controlan activos por ocho billones 754 mil millones de pesos, 4.6 por ciento más que los reportados en junio pasado, informó la CNBV.

“Para efectos comparativos, el valor de los activos de los grupos financieros es equivalente a 43 por ciento del tamaño de la economía mexicana, que este año –de acuerdo con cifras preliminares– rondará 20.3 billones de pesos. Cuatro grupos financieros concentran 67.3 por ciento, más de dos terceras partes, de los activos del conjunto de esas instituciones, de acuerdo con la información de la CNBV.”

Así es: mientras la economía de los mortales da un pasito hacia adelante y muchos para atrás, la relativa a los barones del dinero pega un brinco ocho veces mayor, sin retroceso. Recientemente la Cepal proporcionó cifras similares, en un comparativo entre la economía de los mexicanos de a pie y la de dueños de esta República de discursos: mientras la primera crecía uno, la segunda 7.2, y aumentando la diferencia.

Valga el desglose para dar una idea de qué se trata: en el primer semestre de 2017 la banca que opera en México obtuvo utilidades diarias (incluidos sábados, domingos y días festivos) por alrededor de 428 millones, es decir, casi 18 millones por hora (equivalente al salario mínimo anual de 616 trabajadores).

Cuando en tiempos salinistas a los mexicanos se prometió democratizar la banca (eufemismo por desestatizar el sistema financiero nacional) algunos ilusos creyeron que se trataba de un intento serio para que los usuarios de sus servicios tuvieran acceso expedito y más barato, con el fin de impulsar el crecimiento y desarrollo de México. Todos conocen el resultado y el rescate bancario se ha convertido en un barril sin fondo.

Pero los barones del dinero han hecho muy bien su chamba, sin olvidar los favores del régimen. Así, las utilidades netas que a principios del nuevo siglo tardaban cuatro años en acumular ahora las reúnen en apenas seis meses, y descontando. Total, los mexicanos son los que pagan.

Y si de cara dura se trata, allí está, otra vez, Gerardo Ruiz Esparza, impúdico secretario de Comunicaciones y Transportes, quien ayer ante senadores de la República aportó más frases célebres para la historia de la impunidad: si hubo omisiones y errores en la construcción del Paso Exprés, son los culpables los que deben hacer frente, y no resolverlo con un sacrificio político; no es responsable dejar el barco a media agua; no renunciaré, porque mi tarea es deslindar responsabilidades. ¡Uf!

Las rebanadas del pastel

No es lo mismo que lo mesmo, ni la gimnasia que la magnesia, pero como de eso nada entiende el secretario de Educación Pública ahora nos enteramos –siempre según el eclipse neuronal de Aurelio Nuño– que la ilustre doctora Julieta Fierro abanonomía para adentrarse en la logía. Total, ni ler sabe.

Twitter: @cafevega

cfvmexico_sa@hotmail.com

COMENTA TAMBIÉN SIN FACEBOOK: