EL CASTILLO – Por @Lilia_Arellano1

Publicado el Diciembre 12, 2016, Bajo Noticias, Autor MonaLisa.

¡TAXI!, ¡LIBRE!… YO

SOY…EL RULETERO:

Sobre las acciones de los taxistas las cuales giran en torno a la protección de su patrimonio, del conformado a través de la concesión de las placas se fabrican en el presente un buen número de historias, de esas llamadas “leyendas urbanas”.

No parecen existir dudas sobre el significado de la prestación de un servicio público dentro de la legalidad y que sea a través de ésta que se obtenga seguridad. De ahí la postura abierta y con deseos de dar a los visitantes un transporte al cual le han brindado su confianza, para poner a trabajar a través de esas aplicaciones internacionales como UBER los vehículos ya existentes en Quintana Roo, dentro de los sindicatos, habilitándolos de acuerdo con la imagen con la cual operan, es decir sin logotipos.

De todos ellos existe un registro en los archivos de la autoridad, lo cual es garantía frente a cualquier circunstancia de seguridad. Esta forma de cooperación, respaldada por la legalidad, pretenden darle un giro diferente haciéndola pasar por deslealtad.

Así como se intenta transformar la verdad, se esconde una práctica realizada por personal de ayuda en los hoteles. Resulta que los comisionados para llamar al transporte para los turistas cuentan con su propio directorio, uno conformado por sus amigos o conocidos propietarios de un buen vehículo.

Cuando solicitan el servicio y responden a la pregunta ¿Cómo será su forma de pago? diciendo: efectivo, le llaman a quien ni en la empresa de la aplicación UBER, tienen sus datos. El 25 por ciento de la comisión a pagar a la empresa, se la entregan al empleado del hotel o del restaurant de donde surgió el servicio. Y ese es solo un primer peligro.

Las exigencias para eliminar cualquier forma de transporte tipo taxi, tanto para la Ciudad como en las terminales tanto de camiones como en el aeropuerto, está vigente en todo el país y la última manifestación de inconformidad de los trabajadores del volante sumó miles de vehículos en calles y avenidas de la capital de la República.

Hasta ahora se tiene un registro de cerca de 800 mil taxistas dispuestos a trasladarse a cualquier punto del país en donde se autorice la operación de estas aplicaciones. Su posición es clara al advertir: “estamos siendo aniquilados económica y socialmente por empresas extranjera solapadas por los distintos gobiernos, mediante engaños, falsas interpretaciones a la ley o por la cómplice omisión en favor de aquellos que, de manera totalmente ilegal, destruyen el famoso Estado de Derecho que juraron defender los gobernantes”.

En Cancún los taxistas cuentan con una aplicación de la cual harán suficiente promoción en los puntos de llegada del turismo, reforzando su seguridad a través de un botón de pánico para ser operado por los pasajeros en cuanto resientan algún peligro.

Animadversiones de tipo personal siguen dominando a los integrantes de los poderes en Quintana Roo. La cerrada posición de un par de legisladores panistas deja ver se dejan guiar por el contenido de sus pasiones y no por la sensatez de los análisis y el conocimiento de las necesidades de los ciudadanos, en este caso tanto de los taxistas como de los usuarios.

Han dejado fluir las posiciones políticas, las de partido en un asunto extremadamente serio y, por si fuera poco, se pretende crear desunión en la organización a través de la cual se están defendiendo los patrimonios en cuestión. La existencia de grupos de reciente formación con el objetivo de presentar competencia a los existentes, de crear los necesarios para operar las elecciones del 2018 y para poner en los liderazgos a los incondicionales del sexenio, va comprobándose. En el caso de los sindicatos mueven fuerzas y se prevé el caos ante la inexperiencia de gobernar demostrada en el presente.

Habiendo reportado los encargados del Teletón las deudas de los gobernadores salientes con los CRIT y, siendo testigos de la información repetitiva sobre acusaciones y señalamientos en torno a ex mandatarios estatales, antes y en el momento de ser presentados a las autoridades, ni tardos ni perezosos, Carlos Joaquín y el alcalde de Cancún se dieron a la tarea de alabarlos y entregarles un buen donativo, el cual no se ha dicho de la bolsa de quien lo extrajeron porque aun y cuando puede contablemente registrarse en esos abundantes renglones discrecionales a los que tiene derecho el gobernador, esta aportación no cuenta con ningún visto bueno y no todos los ciudadanos creen en las bondades de Televisa, menos aun cuando se sabe de la obligación del gobierno de dotar a los ciudadanos de hospitales especializados, de vigilar por la salud. No se trata como dicen los altos mandos de la televisora de crearles una mala fama, simplemente salen a relucir verdades.

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