Economía desinflada. Crecimiento ausente. Otro recorte de BdeM.

Publicado el noviembre 24, 2016, Bajo Columna de opinión, Autor Ocelotl.

Carlos Fernández-Vega

La Jornada / México SA / Carlos Fernández-Vega

Si el gobierno peñanietista hubiera cumplido sus promesas sobre el futuro promisorio (Videgaray dixit) que ofreció a los mexicanos, a estas alturas el crecimiento de la economía nacional (2013-2016) reportaría un promedio anual de entre 3.43 y 3.68 por ciento. Con esas proporciones nuestro país no resolvería todos sus problemas, pero de cualquier suerte la situación interna sería más atractiva.

Lamentablemente, hubiera no existe y en los hechos los genios de EPN incumplieron todas y cada una de las estimaciones oficiales en torno al citado tema, y en los hechos en el periodo citado la tasa anual promedio de crecimiento a duras penas alcanza 1.95 por ciento, prácticamente lo mismo que en el calderonato.

Cuando el actual gobierno se instaló en Los Pinos fue puntual crítico de los enclenques resultados económicos de sexenios anteriores, y sentenció que las reformas por él propuestas eran la única vía para remontarlos y registrar niveles no vistos en más de tres décadas.

Pues bien, las reformas, todas, se aprobaron, reglamentaron y echaron a caminar, pero el prometido crecimiento económico que ellas generarían brilla por su ausencia y a estas alturas lo único que puede presumir son las migajas obtenidas.

Aun así, para 2017 la Secretaría de Hacienda no deja de presumir la fortaleza y solidez económica mexicana, aunque con base en sus propios cálculos la tasa promedio anual de crecimiento al cierre de dicho año (siempre que la estimación original se cumpla, algo por demás improbable) sería de entre 1.96 y 2.16 por ciento. Lo mejor del caso es que en los albores del sexenio peñanietista se llegó a prometer un promedio de 5 por ciento anual.

Sin embargo, para la propia Secretaría de Hacienda lo anterior no tiene la menor importancia (Arturo de Córdoba dixit) y por lo mismo se negó a reconsiderar, por segunda ocasión en el año, su pronóstico de crecimiento para 2016 (la había reducido del 2.6-3.6 por ciento original a 2-2.6 por ciento).

¿Y por qué se niega? Bueno, según su propia respuesta, porque considerando la dinámica interna, en la cual se presenta una sólida evolución del consumo, y la aceleración en el crecimiento observado de la economía, que en los primeros nueve meses del año acumula una tasa de crecimiento de 2.3 por ciento anual y tomando en consideración el entorno externo adverso, mantiene su estimación de crecimiento en el rango para 2016 de 2 a 2.6 por ciento. Es decir, porque no se le da la gana.

Y, sí, es anímicamente emocionante constatar que México cuenta con una autoridad optimista, indoblegable y tenaz, pero no hay que olvidar que, año tras año, la citada respuesta ha sido la misma e idéntico el resultado, cuya forma más acabada es el raquítico promedio de cuatro años de gobierno: un espantoso 1.95 por ciento, apenas por arriba, sino es que igual, de la tasa de crecimiento demográfico del país.

A lo largo de 2016 (como antes en 2013, 2014 y 2015) la práctica nacional e internacional ha sido la de recortar, una y otra vez, la estimación oficial sobre el crecimiento económico mexicano. Durante su estancia en la oficina principal de Hacienda Luis Videgaray no dio una en la materia. De todas, falló todas y por mucho (por ejemplo en 2013 pronosticó un avance de 3.5 por ciento y en los hechos apenas fue de 1.1 por ciento).

Lo sustituyó (es un decir) José Antonio Meade, quien para estructurar su estimación sobre el crecimiento económico en 2017 utilizó a los mismos analistas, consultores, asesores y conexos que sirvieron a Videgaray. Entonces, ¿hay esperanza de que, ahora sí, la Secretaría de Hacienda le atine al pronóstico? Ninguna, lamentablemente.

Pero lo que Hacienda mantiene, el Fondo Monetario Internacional y el Banco de México lo tumban. Y si bien es cierto que el pasado martes el organismo financiero se mostró muy diplomático con México, también lo es que de nueva cuenta sacó las tijeras y recortó la de por sí mermada proyección oficial de crecimiento económico para 2016, y también la correspondiente a 2017. Así, de acuerdo con sus estimaciones, si bien va la economía mexicana crecería –por llamarle así– 2.1 por ciento en el año actual, y 2.2 por ciento en el siguiente. Hacienda dirá que, aun así, los reacomodos fondomonetaristas encuadran en su propio cálculo.

Ayer, el Banco de México actuó en igual sentido que el FMI y redujo su estimación, no son advertir que el crecimiento del producto interno bruto del país en los próximos trimestres podría ser menor a lo previsto en el Informe anterior. No obstante, cabe señalar que el escenario central de crecimiento económico presentado en este Informe considera que, en buena medida, prevalecerá el buen funcionamiento de la relación comercial entre México y Estados Unidos y que el ajuste en los mercados financieros continuará siendo relativamente ordenado.

Parece que lo anterior no lo creen ni los especialistas de dicha institución, porque el Banco de México redujo su estimación para 2016: de 1.7-2.5 a 1.8-2.3 por ciento. Y para 2017 el intervalo de pronóstico para el crecimiento se revisa de entre 2 y 3 por ciento en el informe previo, a 1.5-2.5 por ciento. No obstante, se prevé que la actividad económica en ese año y el siguiente se beneficie de los efectos de la implementación de las reformas estructurales, así como del fortalecimiento de los fundamentos macroeconómicos ante los ajustes de política fiscal que se han anunciado.

Además, para 2018 (como lo han supuesto, fallidamente, desde 2009) se anticipa una recuperación más sólida en la actividad industrial estadunidense. En este contexto, para ese año se anticipa que el PIB de México registre una tasa de variación de entre 2.2 y 3.2 por ciento. Es necesario tomar estas previsiones con cautela, toda vez que podría llegar a ser necesario ajustarlas conforme se obtenga información más precisa sobre el alcance y la dimensión de las políticas que la nueva administración estadunidense efectivamente vaya instrumentando.

Y por si algo faltara los grupos de análisis y consultoría económica del sector privado nacional y extranjero que son permanentemente consultados por el Banco de México han recortado la multicitada estimación a lo largo de todo el año. En el arranque de 2016 su estimación de crecimiento fue de 2.74 por ciento, ya muy por abajo de la de Hacienda; para el cierre de octubre, a duras penas alcanzó 2.07 por ciento.

Las rebanadas del pastel:

El dólar cerró a 21.10 nanopesitos y el barril de exportación de nueva cuenta araña la frontera de los 40 dólares.

Twitter: @cafevega

cfvmexico_sa@hotmail.com

COMENTA TAMBIÉN SIN FACEBOOK: