Obama culpa a Gran Bretaña y Francia del fracaso en Libia

Publicado el marzo 13, 2016, Bajo Columna de opinión, Autor LluviadeCafe.

Alfredo Jalife R.
Alfredo Jalife-Rahme
La Jornada
En una extensa entrevista a la revista The Atlantic, con el polémico periodista israelí-estadunidense Jeffrey Gold­berg –quien sirvió de guardián en las siniestras cárceles de Israel repletas de presos políticos palestinos–, Barack Obama imputa al aventurerismo de sus aliados Gran Bretaña (GB) y Francia el fracaso de la OTAN en Libia, que resultó un completo caos (http://goo.gl/shhZH3). ¿Y a poco las intervenciones militares de Estados Unidos en Afganistán e Irak no fueron un desastre?

Obama comenta en forma sarcástica que el premier británico, David Cameron, se distrajo en otros asuntos, mientras el entonces presidente francés, Nicolas Sarkozy, quería presumir de los vuelos de la campaña aérea en Libia, a pesar de que Estados Unidos había eliminado todas las defensas aéreas.

Aduce que la división tribal en Libia fue mayor a lo que los analistas de Estados Unidos esperaban, y lo mejor es evitar el Medio Oriente: No hay manera en la que debamos comprometernos a gobernar el Medio Oriente y Noráfrica.

Según Jeffrey Goldberg, quien peca de vicioso israelocentrismo, Obama parece ser un clásico presidente atrincherado (sic), a la manera de Dwight D. Eisenhower y Richard Nixon.

Goldberg define el atrincheramiento de Obama: retirarse, gastar menos, cortar riesgos y trasladar las cargas a los aliados.

Una constante de Obama con los aliados de Estados Unidos, en Europa y el mundo árabe –en referencia notable a Arabia Saudita (AS)–, es su molestia contra los jinetes solitarios, quienes desean arrastrar a Estados Unidos a sus conflictos, que nada tienen que ver con la seguridad nacional de Washington: los jinetes solitarios me agravan.

Dedica demasiado tiempo a justificar su voltereta sobre la línea roja que había trazado en referencia a las armas químicas de Siria –cuando todo el mundo había sido avisado en Washington del inminente ataque de Estados Unidos a Siria–, para finalmente retractarse en forma asombrosa.

Obama solicitó en forma notable al presidente ruso, Vladimir Putin, su colaboración para desactivar la confusión de la línea roja, que había puesto en entredicho la credibilidad de Estados Unidos.

Es cuando, según Jeffrey Goldberg, “en medio de la confusión, apareció un deus ex machina en la forma del presidente ruso, Vladimir Putin”, en la Cumbre del G-20 en San Petersburgo: si obligaba a Assad a despojarse de las armas químicas, ello eliminaría la necesidad de los bombardeos militares de Estados Unidos.

Según Obama, existe un libro de instrucciones en Washington que se supone deben seguir los presidentes, que “viene del establishment de la política exterior”, y prescribe respuestas a eventos diferentes, y estas respuestas tienden a ser militarizadas (¡supersic!): funciona donde Estados Unidos se encuentra directamente amenazado, pero puede también ser una trampa (¡supersic!) que puede llevar a malas decisiones. Obama tiene pavor de hacer estupideces.

Jeffrey Goldberg amarra navajas entre Obama, el rey Abdala II de Jordania y el presidente turco Erdogan, mientras exhuma las frustraciones atrabiliarias del presidente de Estados Unidos con el premier israelí, Netanyahu: la historia del encuentro de Obama con el Medio Oriente sigue un arco de desencanto.

Cuando le preguntan si es amigo de los sauditas, sonríe y contesta que se trata de una relación muy complicada.

Considera que AS necesita aprender cómo compartir el Medio Oriente con su archienemigo Irán, cuando ambos son culpables de alimentar sus guerras en Siria, Irak y Yemen: los sauditas necesitan encontrar una “manera efectiva de compartir su vecindad e instituir un género de paz fría” con Irán.

Arguye que existe una red de cuatro cajas que representan las principales escuelas de pensamiento de la política exterior de Estados Unidos: una es el aislacionismo, que rechaza porque el mundo siempre se está empequeñeciendo, por lo que la retirada es insostenible; las otras tres son el realismo, el intervencionismo liberal y el internacionalismo.

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Barack Obama, quien ha sido blanco de fuertes ataques de los precandidatos presidenciales republicanos, ayer participó en un acto de recolección de fondos para el Partido Demócrata efectuado en DallasFoto Ap
Obama puede ser considerado realista, ya que Estados Unidos no puede aliviar al mundo de sus miserias, por lo que se debe escoger dónde podemos tener un impacto real. Pero también se considera internacionalista: consagrado a fortalecer las organizaciones multilaterales y las normas internacionales.

No es intervencionista y acepta que no puede arreglar todo, pero Estados Unidos sigue marcando la agenda global cuando ni Rusia ni China lo hacen.

No le interesa tanto el Medio Oriente –del que ya no depende de sus hidrocarburos después de su revolución energética del gas/petróleo esquisto–, sino la hegemonía mercantilista de Estados Unidos en Asia: la parte del mundo de mayor consecuencia para el futuro de Estados Unidos, cuando el desafío del ascenso de China requiere atención constante, por lo que ha emprendido una apertura dramática con Burma, Vietnam y la constelación (sic) entera de países del sureste asiático temerosa de la dominación China. ¡Cómo explota Obama la angustia de los países!

Prefiere enfocarse a partes más prometedoras y de mayor crecimiento, como Asia, Latinoamérica y África, donde ha cosechado éxitos diplomáticos.

Como vecino de Rusia, Ucrania significa más para Putin que para Estados Unidos, por lo que Rusia siempre mantendría un dominio en escalada: Ucrania, país que no pertenece a la OTAN, será vulnerable al dominio militar de Rusia sin importar lo que hagamos, y ello es un ejemplo de donde debemos ser muy claros sobre nuestros intereses fundamentales y cuando estamos dispuestos a ir a una guerra. ¿Abandona Estados Unidos a Ucrania después de azuzarla contra Rusia?

Desecha que su reticencia en usar la fuerza militar haya envalentonado a Rusia y recuerda que Putin invadió Georgia en 2008 durante la presidencia de Baby Bush, cuando Estados Unidos tenía más de 100 mil soldados en Irak.

Sobre el contencioso del Mar del Sur de China, juzga temer más a una China debilitada y amenazada que a una China exitosa y ascendente. Sentencia que China es el mayor desafío de Estados Unidos, en términos de relaciones tradicionales de las grandes potencias.

Rechaza las invectivas ignominiosas de Jeffrey Goldberg contra Putin y considera que el presidente ruso es escrupulosamente educado, muy franco. Nuestras reuniones son del tipo de hombres de negocios: Putin cree que las relaciones con Estados Unidos son más importantes de lo que los estadunidenses tienden a pensar, aunque “entiende (sic) que la posición integral de Rusia en el mundo está significativamente (sic) disminuida. Y el hecho de que invada Crimea o intente apuntalar a Assad no lo convierte súbitamente (sic) en un jugador (…) No existe una reunión del G-20 donde los rusos marquen la agenda sobre cualquiera de los temas importantes”: una Rusia débil y agitada es una amenaza, aunque no de primer nivel, ya que, a diferencia de China, tiene problemas demográficos, problemas económicos estructurales que requerirán no solamente visión, sino toda una generación para superar, cuando la ruta que toma Putin no lo va a ayudar a superar esos desafíos. Pero en ese ambiente, la tentación de proyectar la fuerza militar para mostrar grandeza es poderosa, y esa es la inclinación de Putin.

Obama esquiva el poder nuclear de Rusia, la alianza estratégica de Putin con China y el punto candente del Ártico.

Huye hacia adelante, cuando tampoco Estados Unidos anda muy bien que se diga.

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