EL PRI LLEGARÁ A JUNIO CON SU ARMA PRINCIPAL: EL VOTO DURO

Publicado el Marzo 9, 2016, Bajo Investigación, Autor LluviadeCafe.

PRI
SINEMBARGO
A punta de metralleta, los pistoleros de Gonzalo N. Santos, le impidieron a cualquiera votar por Juan Andrew Almazán, del Partido Acción Nacional (PAN), y oponerse a su compadre, Manuel Ávila Camacho. El mismo cacique potosino lo narra en sus Memorias (1987).

El método para captar la voluntad popular empezaba sus días. “A vaciar el padrón y rellenar el cajoncito a la hora de la votación; no me discriminen a los muertos, pues todos son ciudadanos y tienen derecho a votar”, escribió en una suerte de manual para la hechura de un fraude, el hombre postrevolucionario, motejado “El Alazán Tostado”. De paso, acuñó una frase: “La moral es un árbol que da moras”.

El dueño de este pasado, el dinosaurio, el partido más añoso y sofisticado de México, el Partido Revolucionario Institucional (PRI), pretende recuperar en 2016 su poderío de antaño y dejar la jugada lista para las elecciones presidenciales de 2018. Ya tiene 87 años de vida. Y el proceso del próximo 5 de junio, el tercero durante el sexenio del Presidente Enrique Peña Nieto, le puede resultar más táctico que ninguno, indican observadores políticos. ¿Cómo lo va a lograr? El tiempo pasó y acabó con las certezas. El acarreo se ve menguado. No en vano desde finales de los setenta han ocurrido en cadena crisis económicas que han reducido el número de afiliados a los sindicatos.

Hoy, las cuatro centrales obreras (CTM; CROC, CROM y FSTSE) que en el pasado aseguraron el voto corporativo y aún subsisten en la entraña del PRI, apenas representan más de 1 millón 657 mil 891 trabajadores, según una revisión de este medio digital en las organizaciones y la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS). En las elecciones de 1988, cuando Carlos Salinas de Gortari fue el candidato tricolor, el entonces dirigente de la Confederación Nacional de Trabajadores (CTM), Fidel Velázquez Sánchez, ofreció 20 millones de votos provenientes de estas mismas agrupaciones.

Pero el PRI mantiene lustrada su arma principal. Si bien el voto corporativo está en crisis, no lo está el voto duro que ha sobrevivido a todo. Gustavo López Montiel, investigador del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de México (ITESM), explica que hoy por hoy, el sufragio cautivo del PRI se ubica en otros grupos de poder.

“Son los empresarios, los líderes sociales, las estructuras que en cada localidad se alían en un proceso electoral con un partido o con otro. A estas alturas, el PRI ya tiene contabilizado y estudiado el terreno. Esta vez, serán estructuras de clase media que en algún momento se organizaron y le pueden dar hasta 30 por ciento del electorado”, dice.

El 5 de junio de 2016 se votará por 12 gubernaturas, 388 diputaciones (239 locales de mayoría relativa y 149 vía plurinominal) y 965 ayuntamientos. Los estados donde se elige Gobernador son Aguascalientes, Chihuahua, Durango, Hidalgo, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, Sinaloa, Tamaulipas, Tlaxcala, Veracruz y Zacatecas. En esos estados, salvo en Puebla, también se elegirán Congresos locales y ayuntamientos. Baja California no cambiará de Gobernador, pero elegirá Congreso y alcaldías.

En tres de esos estados, ronda un terco fantasma: la miseria. Los datos del Consejo Político de Evaluación de la Política Social (Coneval) los describen: Puebla ocupa el segundo lugar por porcentaje y el tercero por cantidad de población con ingresos por debajo de la línea de pobreza. Son casi siete de cada 10 (69.7 por ciento), 4.3 millones de personas. Oaxaca tiene el tercer lugar y el noveno por cantidad de población con ingresos por debajo de la línea de pobreza. Casi siete de cada 10 (68.8 por ciento), 2.7 millones de personas. Veracruz está en el séptimo lugar por porcentaje y el segundo lugar por cantidad de población con ingresos por debajo de la línea de pobreza. Más de seis de cada 10 (63 por ciento), cinco millones de personas.

El PRI siempre ha sabido comportarse frente a ese paisaje. Documentos y libros a disposición de la opinión pública muestran que fue en los terrenos de la carencia alimentaria donde el partido consolidó su justificación social y amarró el voto. Millones de campesinos y de indígenas en pobreza moderada y extrema, más que ningún otro grupo poblacional, sucumbieron en los padrones de los programas sociales que siempre han significado dinero en efectivo y despensas. En lugar de crecimiento y desarrollo humano, el partido exigió a cambio ser votado. “No es parte de la Historia, la asociación elecciones-pobreza aún está viva. De hecho, los procesos electorales no se entienden sin la consideración del fenómeno de la pobreza”, exclama Eduardo Huchim, experto en procesos electorales.

Es cierto que los Gobiernos emanados del PRI avanzaron en la promoción de la salud, la educación y la alimentación; pero la sangría de los recursos y los fracasos económicos condenaron a la pobreza a más de la mitad de la población mexicana.

En 2016, esta asociación, en la que los pobres votan por el PRI a cambio de dinero en efectivo estipulado en los programas, quedó expresada en abril de 2013. El PRI habría comprado votos en Veracruz a través del Programa Oportunidades (hoy Prospera) y la Cruzada Nacional contra el Hambre. El PAN pidió la destitución de Rosario Robles de la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL) para que fuera investigada y demandó pesquisas en contra de Javier Duarte, gobernador de Veracruz. Nada de ello ocurrió. En los días siguientes, el Presidente Enrique Peña Nieto estuvo en un acto público con el Gobernador de Veracruz y en otro, le pidió a Rosario Robles no preocuparse por las críticas. “Rosario, hay que aguantar”, le dijo.

Debido a ese episodio, el Pacto por México, el acuerdo entre partidos que le permitió al Presidente Peña Nieto impulsar el tren de reformas estructurales, quedó fracturado. El Presidente acordó un adendum para que los programas sociales quedaran blindados en tiempos electorales. Pero más allá de las fracturas y los reclamos, Enrique Toussaint, politólogo de la Universidad de Guadalajara, resume esa etapa en la que el PRI escribía sus nuevos días en el poder: “Se alzó de nuevo la sospecha de que el partido no había dejado atrás sus costumbres añejas”.

¿PARA QUÉ MERCADOTECNIA POLÍTICA?

Los gobernadores del PRI
Los gobernadores, otro de los brazos clientelares con los que cuenta el PRI. Foto: Cuartoscuro

¿Desde cuándo le interesa al PRI el voto? Gustavo López Montiel, investigador del ITESM, expone que en esta historia, el voto no fue importante hasta los 70, una época en la que el tricolor hizo crecer toda su maquinaria con tal de ganarlo de manera avasallante.

“Los partidos se legalizan en esa época. En algunos municipios empieza a verse la necesidad de que el PRI se vea y se sienta fuerte porque algunos grupos de oposición empiezan a poner ciertas condiciones de competencia. Entonces, que el PRI aparezca con el 80 por ciento de los votos se convierte casi en un objetivo obsesivo”, dice el especialista.
Hasta 2000, cuando perdió la Presidencia de la República, lo había logrado. Aquella vez, tuvo que acostumbrarse a ser oposición. Pero más que un trauma, la pérdida del poder fue un desafío a cambiar.

–¿Ante la necesidad de ganar votos, alguna vez el PRI ha realizado estrategias de mercadotecnia política?

Responde Alfredo Paredes Zamora, director de un equipo de mercadólogos políticos en Capitol Consulting & Communication, agencia con sede en México y Miami, Florida:

“Ni antes ni ahora, puede identificarse el diseño estratégico para convencer. Durante los 70 y 80, el PRI lo dominaba todo como un padre que no resiste ver separados a sus hijos. Tenía bajo su batuta el voto de los pobres, los empresarios y la clase media. En ninguna parte de su historia se identifican las campañas. Sus tácticas, más bien, se han basado en la captación de la voluntad”.
Ahora, ¿qué importancia tienen los candidatos que se presentan en la arena electoral? El tricolor ha contado con una estructura piramidal en cuya cúspide ha estado (y ahora está de nuevo por el cambio de estatutos en la Asamblea) el Presidente de la República quien durante seis años era tan poderoso que podía nombrar a los candidatos en la práctica conocida como “dedazo”. El dirigente nacional era su alfil. Mandaron siempre los intereses –muchas veces ajenos al partido- y los proyectos políticos de largo plazo. Pero ante cualquier decisión contaba la disciplina y la unidad. Al final, era la disputa del reino.

Desde el pasado 21 de noviembre, cuando su Consejo Político Nacional efectuó su XXXV sesión extraordinaria, el PRI tiene listo su plan nacional de elecciones. El punto más relevante del documento es la prohibición de la postulación de candidatos que tengan vínculos con la delincuencia organizada o sean adictos a las drogas. Además, se inclina hacia la Transparencia porque quiere que aspirantes, precandidatos y candidatos acepten que el mismo partido investigue su situación patrimonial, fiscal, así como su entorno social. En cuanto a la igualdad de género se instruyó a las dirigencias estatales con proceso electoral, a respetar la paridad. Otra clave es que autorizó la posibilidad de postular a ciudadanas y ciudadanos como candidatos.

“Iremos todos juntos a las elecciones 2016. Somos el partido que cuenta con la mayor identidad partidista de todo el país”, declaró Manlio Fabio Beltrones, presidente del Comité Ejecutivo Nacional. Por ahora y para todo, está la mano de este hombre, descrito por el Departamento de Estado de Estados Unidos en un cable de Wikileaks en mayo de 2011, como “un impecable operador político que florece y prospera en la política de puertas cerradas”.
El estilo de Beltrones (la verticalidad, la disciplina ante sus decisiones, la unidad) puede verse en la designación de los candidatos que contenderán por las gubernaturas en 2016 (Ver recuadro I). No hay un solo nombramiento que no haya pasado por su mirada y evaluación. “El PRI es leal con su pasado. Romper con sus formas de ser se escapa de su esencia”, piensa Enrique Toussaint, un politólogo formado en la Universidad de Guadalajara.

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