Siria: ¿el plan B de Kerry es el plan Feltman?

Publicado el marzo 2, 2016, Bajo Columna de opinión, Autor LluviadeCafe.

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LA JORNADA
por:Alfredo Jalife-Rahme
Por lo menos no habrá una tercera guerra mundial por Siria, nos aseguran el canciller saudita Adel Al-Jubeir (http://goo.gl/7mMynR) y el connotado geopolitólogo alemán-estadunidense F. William Engdhal (http://goo.gl/982f1o), quienes suelen exponer puntos de vista antagónicos.

El 27 de febrero se inició un frágil cese al fuego en Siria patrocinado por Estados Unidos y Rusia, para reanudar las conversaciones de paz, que fue puesto bajo la afilada espada de Damocles del secretario de Estado, John Kerry, quien, en su sonora audiencia ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, externó que existe una discusión significativa que tiene lugar ahora sobre un plan B (sic) en caso de que no tengamos éxito en la mesa de negociaciones (http://goo.gl/oPU1Ry).

¿Y cuál era el plan A de Estados Unidos? Obviamente nunca fue el presente cese del fuego, cuando su intención era el derrocamiento de Bashar el Assad (el verdadero plan A), quien fue rescatado in extremis por la determinante intervención militar rusa en Siria, apuntalada por Irán, el Hezbolá libanés y una pléyade de milicias chiítas de Irak, Afganistán y Pakistán: la célebre coalición C4+1 (http://goo.gl/oEbKBL).

F. William Engdhal desmenuza el plan B de Kerry sobre Siria, que se originó de un acuerdo secreto, de 2008, cuando “el entonces secretario asistente de Estado para Asuntos de Medio Oriente, Jeffrey D. Feltman, redactó un plan secreto (sic) con el anterior embajador de Arabia Saudita (AS) en Washington, príncipe Bandar bin Sultan, apodado Bandar Bush por George W. Bush, por sus íntimos lazos con la familia Bush” (http://goo.gl/FA69kV).

El plan del israelí-estadunidense Feltman fue “revelado en 2011 en documentos internos hackeados de Stratfor”, conocida como la CIA tras bambalinas (http://goo.gl/SVEn9c).

Otro connotado consultor político, Thierry Meyssan, director de Réseau Voltaire, desnuda la perversidad infinita del israelí-estadunidense Feltman (http://goo.gl/vcESKj).

F. William Engdhal destapa la legendaria malignidad de Feltman, que no cabría ni en el infierno: especialista en trucos inmundos en el Departamento de Estado, fue embajador en Líbano cuando el asesinato del premier Hariri en 2005. Antes había servido (sic) en Irak después de la invasión militar de Estados Unidos. Mucho más atrás, había sido colocado en Yugoslavia, a principios de los años 80, para jugar un papel en el desmembramiento de ese país por Washington.

Feltman es uno de los máximos expertos de las balcanizaciones, y la destrucción del régimen de Bashar el Assad es su presente obsesión, cuando hoy Estados Unidos lo ha enviado a Medio Oriente como mediador neutral de la paz (sic), en transmutado polimorfo con la función oficial de subsecretario general de la ONU para Asuntos Políticos: su segundo puesto más importante. ¡Qué burla!

Durante la presidencia de Baby Bush –cuya dinastía familiar ha periclitado con el repudio electoral a su hermano Jeb–, el plan Feltman obtuvo un financiamiento de 2 mil millones de dólares y fue continuado con Obama por la entonces secretaria de Estado, Hillary Clinton, para desestabilizar Siria en marzo de 2011, después de haber destruido la Libia de Kadafi.

El plan Feltman tenía por objetivo dividir a Siria en tres grandes pedazos, con cinco grupos étnico-religiosos: alauitas, sunitas, chiítas, kurdos y cristianos.

Juzgo que a F. William Engdhal y Feltman les faltó agregar a los drusos, quienes gozan del apoyo de Israel, Gran Bretaña (GB) y Estados Unidos, cuando los cristianos han sido arrojados a los avernos, mientras los chiítas no cuentan con una presencia significativa en Siria.

Pese a la hipercomplejidad de la guerra civil en Siria, al corte de caja de hoy se desprende que el plan Feltman ha sido reducido a tres entidades, con sus respectivos matices: 1) los alauitas –apuntalados por Rusia/Irán y los chiítas de Hezbolá/Irak (el C4+1)–, que controlan la Siria útil: sus dos principales puertos de Tartus y Latakia y la columna vertebral de Alepo/Hama/Homs/Damasco; 2) los kurdos: apoyados por los extraños traslapes de intereses hipercomplejos de Estados Unidos/GB/Israel/Francia y Rusia (¡supersic!), en detrimento de Turquía, y 3) los sunitas: que operan desde Raqa, capital del yihadismo, hasta la parte occidental de Irak: carcomido por un sustancial pedazo del triángulo sunita (Bagdad/Ramadi/Tikrit), apoyado grosso modo por Turquía/Arabia Saudita y Qatar.

Queda en el aire el devenir de los drusos de Siria, divididos en sus afinidades, y cuya población es mayoritaria en las estratégicas Alturas del Golán, anexadas en forma unilateral por Israel.

La balcanización de Siria, que cuenta con 75 por ciento de sunitas, es imagen en espejo de la otra en curso en Irak, con una mayoría de 65 por ciento de chiítas.

Ya había argumentado que los yihadistas son un instrumento geoestratégico del Pentágono para la nueva cartografía del Medio Oriente (http://goo.gl/JijpjL).

Siria se mueve hoy en la dinámica entre el polo de un proceso de paz, verdadero nudo gordiano –concertado en la cúpula geoestratégica por Rusia y Estados Unidos, que deberá ser digerido por los grandes jugadores regionales: AS, Turquía, Irán, Egipto y, tras bambalinas, Israel como fuerza nihilista–, y el otro polo de la balcanización que se ha instalado sin necesidad de dividir las fronteras, como aduce el general Michael Hayden, anterior director de la CIA y la omnipotente NSA.

El general Hayden sentenció que el mundo vive un momento tectónico cuando “Irak ya no existe, Siria no existe más (…), Líbano se tambalea y Libia hace mucho que desapareció”.

¿Soportará Líbano, milagro de la antigravitación geopolítica, las balcanizaciones de Siria e Irak sin ser afectado con sus 18 (¡supersic!) sectas étnico-religiosas centrífugas?

El problema no son tanto las balcanizaciones de Siria, Irak o Líbano, sino una ominosa guerra entre Rusia y Turquía (¿la trampa de Brzezinski?), como teme el presidente galo Hollande. Rusia se encuentra en un campo minado en Siria.

Adam Entous, del Wall Street Journal, no oculta la trampa que pretenden tenderle a Rusia en Siria para infligir real dolor a los rusos (http://goo.gl/TG7rCr).

El cerco y/o la caída de Alepo –la ciudad más poblada de Siria y, a mi humilde paladar, con la más exquisita comida de todo Medio Oriente– definirá la dinámica en Siria, como alude John Vandiver, del periódico militar Stars and Stripes: “Putin ha tomado el control de los sucesos y se ha posicionado –y no el presidente Obama– como el indispensable mediador de poder en Siria”, cuyas “ventajas tácticas están a plena vista alrededor de Alepo (…) cuya caída en favor del régimen podría propinar un golpe decisivo a la rebelión de cinco años” (http://goo.gl/XkpKFa).

El prominente negociador ruso Mikhail Bogdanov fulminó que ignoraba la existencia de un plan B (https://goo.gl/fi6zmV), mientras Rusia baraja la posibilidad de una federación para Siria con tal de preservar su elusiva unicidad.

El vicecanciller ruso, Sergei Ryabkov, admitió la discusión del futuro modelo sirio que pudiera ser una federación (http://goo.gl/8LgAQw).

Una federación etno-teológica –que habría que definir–, al estilo del presente Irak, es un paso transitorio hacia la balcanización final de Siria que busca Estados Unidos desde hace mucho: su plan B, que siempre fue su plan A.

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