Una de cada 5 baterías usadas por autos en EU caen en México; aquí se puede contaminar..WP

Publicado el Febrero 27, 2016, Bajo Investigación, Autor LluviadeCafe.

EEUU
SINEMBARGO
Una fábrica que recicla baterías de automóviles provenientes de Estados Unidos en el municipio de Doctor González, en Nuevo León, ha comenzado a enfermar a los trabajadores y a la población que vive a los alrededores, exhibe una investigación de The Washington Post.

En el reportaje publicado en el periódico estadounidense, y firmado por Joshua Partlow y Joby Warrick, se detalla que en los últimos años una oleada de baterías usadas proveniente del país vecino se ha extendido hacia el norte de México, donde los recicladores de metal buscan sacar provecho de los controles relativamente laxos que hay en el país sobre los niveles de exposición al plomo al que pueden someterse los trabajadores y del que puede registrarse en el medio ambiente.

En este contexto, SinEmbargo publicó que la Auditoría Superior de la Federación (ASF) reprobó al Gobierno federal en materia de protección al medio ambiente. De acuerdo con el más reciente informe de la instancia revisora, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) carece de medidas para mitigar y prevenir el avance en la contaminación de aire, suelo y agua en toda la República, además de estar incumpliendo las metas en la reducción de emisiones de gases con efecto invernadero.

Juan González de Mendoza trabaja alimentado hornos gigantes con baterías de carro usadas provenientes de Estados Unidos en la planta Eléctrica Automotriz Omega, ubicada en el municipio de Doctor González, cerca de la ciudad de Monterrey, donde convierten estas baterías gastadas en lingotes de plomo para hacer nuevas.

El Post narra: Después de que los dolores de cabeza y las náuseas iniciaron, el deterioro físico de Juan González de Mendoza llegó rápidamente: el dolor profundo en sus huesos, en sus codos y en sus rodillas que se negaban a doblarse, después el entumecimiento en todo su lado izquierdo, la constante pérdida de control sobre sus brazos y piernas, y finalmente, una incapacidad para caminar e incluso para estar de pie.

Pese a sus malestares, el médico de la planta le dijo a González que sólo tenía fiebre, sin embargo pronto estuvo demasiado enfermo para realizar su trabajo. Luego, exámenes médicos privados terminaron por confirmar su problema: una aguda intoxicación por plomo.

El diario tuvo acceso a los estudios de laboratorio que Juan González se realizó en una clínica privada, durante sus días de vacaciones, en los que se muestran concentraciones de plomo en la sangre muy por encima del nivel que en muchos lugares de Estados Unidos daría lugar a remover a un trabajador. Sin embargo, González fue sólo incapacitado por nueve meses y está atrapado en una cama sin poder trabajar.

Mientras, otros empleados en la planta simplemente sufren en silencio por el miedo de perder sus trabajos. “Hay muchos que tienen más plomo que yo”, dijo González.

“Perdí el equilibrio”, dijo al diario estadounidense, Juan González de 50 años de edad, sosteniéndose contra la puerta principal de su casa ubicada a unas cuadras de la planta . “Lo perdí todo”, agregó.
La historia de González refleja la preocupación común entre la gente de los barrios cercanos a la fábrica, pues han sido detectados niveles elevados de plomo en la sangre de los trabajadores de la fábrica así como en lotes cercanos donde niños juegan y familias crían ganado, según dijeron residentes, empleados de la fábrica y ex trabajadores al Washington Post. Mientras, los dueños de la compañía no respondieron a ninguna de las peticiones del medio.

El trabajo periodística destaca que mientras los políticos de Estados Unidos expresan su indignación por los niveles altos de plomo detectados en el agua potable en la ciudad de Flint, en Michigan, poco han hecho para detener el flujo de las baterías usadas -de las que cada una contienen alrededor de 9 kilos de plomo- al sur de la frontera. Incluso las autoridades estiman que el envió de estas baterías a México ha crecido más de un 400 por ciento en los últimos diez años.

Y es que el endurecimiento de las leyes en la materia en Estados Unidos ha hecho que crezca la exportación de plomo a los países con controles mucho más débiles o que donde incluso a veces no tienen legislación en absoluto, explicó al Post Perry Gottesfeld, presidente de la organización Occupational Knowledge International, que da seguimiento a la exposición industrial de los productos químicos peligrosos.

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