Cuento: ¡Superman! @JoseCruz777

Publicado el marzo 21, 2015, Bajo Cuento, cultura, Noticias, Autor Rucobo.

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¡Superman!
Cuento-vivencia
21 marzo 2015

Esta es la historia de Félix y su hijo primogénito Nelson. Es un relato más de los años 70’s-80’s ambientada en la mejor frontera de México, así le decíamos, ¿es necesario mencionar cuál es? Cd. Juárez indubitablemente. Félix era un biker -motociclista- con la vestimenta propia de la época y su afición, pantalón de mezclilla con la infaltable campana pronunciada, cabello y barba larga, chamarra de piel y cinturón tejido multicolor atado del lado derecho.

Cuando manejaba la motocicleta usaba botas, cuando no era así se usaban los huaraches con profusión. En la actualidad si alguien sale a la calle con ese atuendo, se arriesgaría a ser víctima del moderno bullying, fenómeno que siempre ha existido sólo que antes le llamábamos “Carrilla”. También existían los accesorios, no podían faltar los lentes Ray Ban -con chapa de oro en el marco- estilo “De gota”, también se usaban unos diminutos y circulares que puso de moda el Beatle, John Lennon, collares, pulseras y camisetas con la imagen del Che Guevara. Los dijes con el popular emblema de “Amor y paz”.

Para terminar la reseña de aquel -ahora ridículo- vestir mencionaré los ponchos o jorongos, seguramente inspirados en los usados por las estudiantinas -grupos musicales universitarios-, en España les llaman tunas.- el más popular de aquellos jorongos y que no podía faltar en todo guardarropa de un joven clasemediero que se respetara en México, fue uno de color negro, con la abertura superior donde se introducía la cabeza, rojo con blanco. También se usaban camisetas ajustables que parecían dos tallas más chicas para dar la sensación de delgadez, eramos unos auténticos “mamarrachos”, pero muy IN -a la moda-.

Cuando Félix tenía 22 años -6 años después de lo relatado-, nació su primer hijo Nelson, el que prácticamente lo enloqueció. Llegando al extremo de comprar comida en El Paso Tx. para el niño, y comida en Cd. Juárez para él y su esposa. qué podía desear Nelson que no se le comprara, en aquellos años -1977- el salario mínimo no era tan miserable como el de hoy en día y se completaba muy bien para todo, además Félix ganaba 2 ó 3 veces el dicho salario mínimo.

Nelson al contar los 3 y 4 años era un niño muy ocurrente, un día de navidad se reunía la familia en la casa paterna de Félix, y ahí como en muchas familias parecía un concurso para ver quien le regalaba más cosas a sus hijos, entre Félix y sus hermanas -no era muy grande la familia aún-. Dentro de los muchos regalos de Nelson, había un catalejo para verse con un solo ojo, lo toma el niño y se pone a mirar a través del artefacto, le pregunta entusiasmado Félix, ¿cómo me veo hijo? Le contesta Nelson, “Te ves hipócrita”, provocando la risa general.

En esa misma ocasión a Ricardo, primo de Nelson -algunos meses menor que él-, le regalaron un payaso, juguete de aproximadamente 30 cms. que tenía la particularidad de emitir horrísonas carcajadas merced a un mecanismo interior, provocando el justificado pánico de Ricardo. Apesadumbrada la madre de Ricardo, regala el juguete macabro a Nelson quien no le tenía ningún temor.

Félix era -y sigue siendo- un hombre al que los documentos de cualquier especie lo tenían sin cuidado. Nunca tramitó su visa de cruce local para pasar a los EUA, haciéndolo con una vieja tarjeta que le tramitó su madre a los 11 años. Menos aún le iba a tramitar a Nelson ese documento ni ningún otro -como mucho su acta de nacimiento-.

En cierta ocasión hubo la necesidad de llevar a Nelson a El Paso Tx. ya lo había hecho para que recibiera atención médica cuando el niño tenía un poco más de un año con el pasaporte de su primo Ricardo. Ahora iba a ser más difícil puesto que con casi 4 años de edad, seguramente iba a ser cuestionado por el oficial de inmigración, pero, conociendo a su hijo y como se las gastaba en cuestión de ocurrencias, la empresa se antojaba difícil.

Empeoraba las cosas, la posibilidad de que el gringo de aduanas si se enteraba del fraude pretendido al sustituir un niño por otro, les retirará la tarjeta de cruce a “Todos” los adultos involucrados. En ese aspecto, allá regularmente no transigen. Ahí tenemos a Félix aleccionando al pequeño y ocurrente Nelson, “Recuerda te llamas Ricardo, no Nelson, el señor de aduanas te va a preguntar, recuerda te llamas Ricardo, grábatelo Ri-car-do”.

A Nelson seguramente no le gustaba ni comprendía el porqué del cambio de nombre y sólo sonreía enigmáticamente, llenando de confusión y temor fundado a su atribulado padre. Llega por fin el fatídico día, Nelson llevaba un medio disfraz de Superman que consistía en las truzas -calzoncillos- y una camiseta interior, llevaba encima una camisa y chamarra por ser tiempo de frío.

Después de una larga espera automovilística, les toca el turno de ser revisados sus documentos, el avezado agente de inmigración era anglosajón, mejor, luego los paisanos se comportan peor. Revisa las visas de los adultos rápidamente, pero, al llegar con Nelson, frunce el ceño y le inquiere con suspicacia en Español la terrible aunque esperada pregunta, ¿cómo llamarr niño? Félix y acompañantes presagiaron lo peor…

Nelson se abre teatralmente su camisa, muestra el pecho-camiseta con orgullo y dice… ¡Superman! El aduanal sonríe y dice bonachón, ¡pueden pasarr! Les volvió el alma al cuerpo, gracias a la genialidad del niño.
El otrora niño, es hoy un hombre de casi 38 años, Matemático con Maestría en Economía. Habla perfectamente Inglés y parcialmente Japonés, idiomas que no ha estudiado formalmente en escuela alguna -es autodidacta-, también es de destacar que es uno de los 5 mejores corredores de maratón en Chihuahua.

Autor: José Cruz Pérez Rucobo

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