Economía desinflada. Recortan estimación. Agua privatizada.

Publicado el Marzo 6, 2015, Bajo Columna de opinión, Autor Ocelotl.

EPN Santa Anna

La Jornada / México SA / Carlos Fernández-Vega

Por tercer año consecutivo se desinfla la alegre estimación gubernamental en materia de crecimiento económico y, por lo mismo, de bienestar social. Transcurridos apenas dos meses y unos cuantos días del presente año, la perspectiva adquiere tonalidades color naranja, y se mantiene en el éter aquello de reconsiderar hacia dónde nos dirigimos (Peña Nieto dixit).

Para su primer año de estancia en Los Pinos, Enrique Peña Nieto prometió un crecimiento económico de 3.5 por ciento, pero en los hechos a duras penas alcanzó una tercera parte. Ya con el efecto de las reformas estructurales aprobadas y en consideración por el Poder Legislativo, el susodicho comprometió un avance de 3.9 por ciento, aunque con las uñas registró 2.1. Para 2015 ofreció 3.7 por ciento, pero a escasos dos meses y días la proyección de los especialistas no pasa de 3.08, en vías de empeorar.

En pocas palabras, si el inquilino de Los Pinos y su sabio ministro de Malinalco hubieran cumplido sus promesas, México registraría una tasa anual promedio de crecimiento de 3.7 por ciento, proporción que si bien no es la panacea –dadas las urgencias nacionales– sí resulta mucho mejor que el raquítico 1.6 por ciento oficialmente registrado hasta ahora.

Después de 33 años de utilizar el sacrosanto manual neoliberal, de machacar por el mismo camino, de topar con el muro de siempre y de utilizar a los operadores fallidos de siempre, resulta más que urgente que los genios gubernamentales reconsideren hacia dónde nos dirigimos, porque de no hacerlo queda claro hacia dónde es que va el país.

Desde mediados del año pasado, cuando menos, la perspectiva económica interna y externa se ensombreció aún más. El desplome de los precios petroleros no hizo más que empeorar el panorama y encender los focos rojos. Aun así, el ministro y sus genios alegremente echaron las campanas al vuelo porque ahora sí la economía mexicana crecería 3.7 por ciento, con un tipo de cambio cercano a 13 pesos por dólar y un barril de exportación que fácilmente se colocaría en los mercados foráneos a 79 billetes verdes. Total, todas las reformas se habían aprobado.

Pero la realidad es cruel, y a estas alturas en algunos casos los pronósticos se han reducido a 2.5 por ciento de crecimiento, en el mejor de los casos, mientras el barril petrolero mexicano se mantiene por debajo de los 50 dólares y el billete verde por arriba de 15 bilimbiques, todo ello aderezado con un primer recorte presupuestal superior a 124 mil millones de pesos (la mayoría en inversión productiva) y ya cantado otro para 2016 (debemos estar preparados para un escenario de menores ingresos, anuncia Videgaray), sin que ello cancele la posibilidad de un segundo tijeretazo en el presente año.

Mientras el inquilino de Los Pinos jugaba a los carruajes y a los soldaditos, y se mostraba fascinado con el boato británico y sus reliquias en el gobierno, en México el dólar trepó a 15.55 pesos (el mayor nivel desde 2009, el año de la crisis), se anunció oficialmente que, como consecuencia del recorte presupuestal, se dejarán de crear 250 mil empleos este año (Alfonso Navarrete Prida dixit), que el panorama a corto plazo es muy difícil (ídem), que la perspectiva de crecimiento se debilita (Inegi), que la confianza empresarial se encuentra en su menor nivel en cinco años (ídem), que el índice de morosidad en préstamos hipotecarios es el más alto en 11 años, que el ingreso de los mexicanos no ha remontado la disminución provocada por la crisis de 2008-2009 (Banco de México) y que, en fin, la cosa está color de hormiga.

Y después reclama que no le aplauden, y supone –sólo eso– la existencia de incredulidad y desconfianza de los mexicanos. Un rápido paseo por los resultados de sus 27 meses en la residencia oficial es más que suficiente para entender por qué la reacción de los mexicanos, por lo que obvia es la urgencia de reconsiderar hacia dónde nos dirigimos y la necesidad de que tal pronunciamiento no se quede en frase de ocasión, como es costumbre, porque la crispación en el país está a punto de turrón.

En fin, el Banco de México divulgó ayer su Encuesta sobre las Expectativas de los Especialistas en Economía del Sector Privado correspondiente a febrero de 2015, en la que queda claro, por si alguien lo dudara, de que las expectativas de crecimiento para el presente año se mantienen a la baja, igual que las relativas a 2016 e, incluso, 2017. Así, el 3.7 por ciento que oficialmente crecería el país en este 2015 de carruajes y soldaditos ha caído a 3.08 por ciento al cierre de febrero, y descontando. Es necesario subrayar que a lo largo de los años, y sin ser exactos, los pronósticos sobre el comportamiento económico del país de los 35 grupos de análisis y consultoría económica del sector privado nacional y extranjero, permanentemente encuestados por el Banco de México, a lo largo de los años han sido muy cercanos a la realidad, algo totalmente contrario al optimismo irredento de los genios de Hacienda.

En la encuesta de febrero dichos especialistas consideran que los principales factores que podrían obstaculizar el crecimiento económico del país son prácticamente los de siempre: inseguridad, precio de la mezcla petrolera de exportación, debilidad en el mercado interno, inestabilidad financiera internacional y la política fiscal implementada por el gobierno federal. Con respecto a los resultados de diciembre de 2014, todos registran un incremento en el grado de preocupación de los encuestados. En un segundo plano aparecen factores como la debilidad del mercado externo y la economía mundial, incertidumbre cambiaria, niveles de las tasas de interés externas, la incertidumbre sobre la situación económica interna y la incertidumbre política interna.

Entonces, el inquilino de Los Pinos y sus neocientíficos deben dejar a un lado los carruajes y los soldaditos, y dedicarse a cosas más productivas, porque aquí la cosa está que arde.

Las rebanadas del pastel

Y ahora con ustedes, ¡agua privatizada! Si alguna chispa faltaba para encender la hoguera, los afanosos diputados del PRI, PAN y PVEM ya la aportaron, no sin antes aducir razones de interés público para concesionar la prestación del servicio al capital privado, el cual participará en toda la cadena: extracción, captación, conducción, potabilización, distribución, suministro, tratamiento, recolección, disposición, desalojo, medición, determinación, facturación y cobro de tarifas. De plano, no tienen llenadera… Un solidario, fuerte y sentido abrazo para nuestro querido David Brooks, por el lamentable fallecimiento de su compañera Sarah Blos.

Twitter: @cafevega

D.R.: cfvmexico_sa@hotmail.com

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