Santa María Ostula: «ahora la comunidad está más fuerte y no tenemos miedo»

Publicado el Febrero 20, 2015, Bajo Nacional, Noticias, Autor Ocelotl.

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Heriberto Paredes

SONY DSC Foto Cristina Leyva.

Entrevistas de José Martín Peña Guzmán y Cristian Leyva

Es febrero de 2014 y un operativo encabezado por comuneros exiliados se dirige –luego de tres años de vida semi nómada entre Jalisco y Colima– a la comunidad nahua de Santa María Ostula, municipio de Aquila en el estado meridional de Michoacán. La acción pretende voltear el orden impuesto por los Caballeros Templarios, quienes, por lo menos desde 2009, han aterrorizado a la población, la han despojado de las tierras con el objetivo de abrir un puerto alterno al de Lázaro Cárdenas, han asesinado a 32 líderes comunitarios y desaparecieron a 6 habitantes de la comunidad. Se trata de una operación apoyada por autodefensas de los municipios colindantes, Coalcomán, Cohuayana y Chinicuila. Luego de varios días de cateos en diversas poblaciones pertenecientes a la tenencia de Ostula, se logra una primera «limpieza» que asegura la permanencia de las autodefensas y el inicio de un proceso de reconstrucción del proyecto político que se venía dando –por lo menos– desde mediados de la década pasada.

Poco a poco las personas que tuvieron que abandonar sus casas para salvar la vida, regresan. Como si se tratara de algo increíble, los lugares por los que no podían pasar vuelven a ser transitados y la confianza regresa paulatinamente gracias a la presencia de la nueva guardia comunitaria reforzada por varios elementos de las autodefensas.

Un año ha pasado desde que este nuevo episodio comenzó en la vida de Ostula. Para esta parte del estado la violencia no es una novedad, por el contrario, se ha vuelto una mala costumbre de la cual tal vez cueste alejarse. Desde 2009, el periodo encabezado por Mario Álvarez, alias «el Metro» y Federico González, alias «Lico» (políticos locales priístas y operadores de los Caballeros Templarios en la región) se convirtió en uno de los periodos más violentos para la comunidad indígena, significó la consolidación de un cártel que utilizaba las vías de comunicación existentes al igual que las tierras comunales, para trasladar droga a otros países y para llevar a cabo los entrenamientos de los miembros del cartel, tal es el caso del rancho La Tipitina, una herencia del cartel de los Valencia (o del Milenio) que ha pasado por los Zetas y la Familia Michoacana.

Actualmente la vida comunitaria vuelve a ser visible. Se han señalado a quienes favorecieron las actividades del crimen organizado y las autoridades agrarias se han renovado; la guardia comunitaria está cada vez más consolidada como un proyecto de seguridad que atiende a las 26 poblaciones pertenecientes a la tenencia de Ostula y se vuelto a poblar la comunidad de Xayacalan, lugar fundado a finales de junio de 2009 junto con la recuperación de aproximadamente 1000 hectáreas de tierras comunales que permanecían en manos de pequeños propietarios miembros de los Caballeros Templarios o vinculados a ellos.

«Ahora la comunidad está más fuerte y no tenemos miedo»

Evaristo Domínguez es un hombre pequeño, silencioso y discreto no pierde la oportunidad para sonreír. Él es uno de los comuneros que fueron amenazados por el crimen organizado, a pesar de ello, no se fue de Ostula y se mantuvo en su casa, trabajando en la medida de lo posible, con el temor de que cada día podía ser el último. Él pertenece a la generación de campesinos que creyeron en la defensa de sus usos y costumbres como criterio para organizar la comunidad, durante mucho tiempo estuvo al lado de varios de los habitantes que fueron asesinados o desaparecidos; se trataba, no sólo sus compañeros de lucha, sino de sus amigos, su gente. Pese a que sus hijos abandonaron el país y migraron a Estados Unidos, él decidió quedarse porque no le parecía ético abandonar la comunidad en momentos tan difíciles. Su voz se quiebra cuando recuerda este momento.

Como parte de una generación de luchadores sociales indígenas, Evaristo vivió muchos de los procesos políticos que hacen de Ostula lo que es hoy, en particular recuerda la situación de las tierras que querían recuperar y que estaban en manos de pequeños propietarios vinculados a la delincuencia organizada, señala que para tratar de calmar la organización comunitaria, el gobierno les ofreció programas asistencialistas:

La primera vez que nos llegaron a ofrecer a nosotros el programa, como les digo, de nombre PROCEDE, como no le entramos, la próxima vez que llegaron le cambiaron el nombre, dijeron que PROCEDE era sólo para los ejidos y que para las comunidades indígenas se le dice PROCECOM, caso que tampoco la comunidad, la asamblea general no lo aceptó tampoco, luego pudimos entender que era una trampa que nos estaban tendiendo porque ya luego, primero nos llegaron con un nombre y luego con otro nombre, por eso la asamblea decidió no entrarle. Y pues sí, ya después pudimos entender que era una trampa ya bien preparada del gobierno, seguro con el interés de que nos calmáramos, porque la comunidad estaba decidiendo entrar a recuperar sus tierras, duramos años con la problemática de ese lugar llamado Xayacalan, para operar y arreglar los problemas. Desde la década de los 60, poquito después de haberse ejecutado la resolución de 1964, la comunidad descubrió y reaccionó porque los terrenos de Xayacalan habían quedado siempre en manos de supuestos pequeños propietarios que tenían invadidas nuestras tierras. La comunidad opinaba que algún día íbamos a recuperar aquellas tierras y como el gobierno se empezaba a dar cuenta de que la comunidad tenía esa decisión pues entendimos que con esa razón el gobierno nos ofrecía ese programa. De todos modos la comunidad no hizo caso de ese ofrecimiento que nos hicieron y por eso desde los 60 hasta 2009, la comunidad dio la decisión de recuperar esas tierras.

El proceso desatado en 2009 no se llevó a cabo de manera improvisada:

Desde 2003 hasta que decidió la comunidad recuperar por su propia cuenta el 29 de junio de 2009. Pero antes tuvo que estarse preparando para entrar; primero, mediante la asamblea general, la comunidad reforzó su seguridad nombrando a comandantes y a la policía comunitaria para estar resguardados por nuestra cuenta y así lo hicimos. Así lo hizo la comunidad. Claro no fue fácil, fue muy duro porque después de haber tomado las tierras hubo asesinatos, desde 2009 para acá empezaron las cosas difíciles. […] como que ya veíamos que casi nos estaban dominando, casi nos ganaban, pero en este año [2014], en febrero, empezó a reorganizarse la comunidad con el refuerzo de la policía comunitaria de nueva cuenta, porque como que ya había perdido sus fuerzas por lo muy riesgoso que se puso. De febrero para acá la comunidad comenzó a reorganizarse y comenzó a hacer sus asambleas porque durante estos tres años ya no había asambleas y no había porque también el comisariado de bienes comunales se puso al lado de esa gente contraria; decimos esto porque dejó de hacer asambleas y no informaba nada, hasta que ya salió en agosto y entro un nuevo comisariado y es así como hemos visto que la comunidad ha tomado más fuerzas.

Evaristo habla, además, sobre las complicaciones de llevar este proceso en un contexto siempre asediado por los intentos del crimen organizado por retomar el control de la zona:

No es fácil como les estoy platicando, porque ahora el pasado 16 de diciembre hubo un atentado, una emboscada, queriendo asesinar al comandante general que ha tenido la comunidad, Semeí Verdía. […] yo creo que lo que está fuerte es la situación con los pequeños propietarios, nosotros sí creemos que ellos son los que se ponen al lado del gobierno, o el gobierno los protege a ellos, pero la comunidad está en posesión de las tierras y va creciendo la población. El gobierno también tiene intereses en la minería, como por ejemplo una minera que está trabajando cerca de la comunidad de Aquila y quiere ahí mero en Xayacalan construir un puerto para embarcar hierro con más facilidad. Nosotros sabemos que esa era la intensión y los pequeños propietarios ya tenían acuerdos con el gobierno.

La valoración de Evaristo es muy clara: «ahora la comunidad está más fuerte y no tenemos miedo, pero hay que hacer una reflexión sobre las mejores formas de aplacar a este capitalismo que nos está tratando de aplastar».

Testimonio de un comunitario

Germán Ramírez es otro habitante de Ostula, él hace su esfuerzo y participa desde la guardia comunitaria. Es evidente un tic nervioso que le ocasiona ciertos gestos, se muestra firme y con la disposición para continuar con las labores de seguridad que se han desarrollado desde hace un año y que día con día se complejizan.

Para él las cosas ahora están tomando forma, sobre todo en lo respectivo a las investigaciones sobre los responsables de los asesinatos y desapariciones pero también sobre las vinculaciones y apoyos que se les dieron a los Caballeros Templarios. Se está desarrollando un proceso de justicia comunitaria que Germán explica de la siguiente manera:

La cuestión de la asamblea comunal a favor de los principios de las comunidades, a favor del beneficio social de todos los que integran la comunidad, a favor del grupo de autodefensas y comunitarios del municipio y de la población de Ostula está bien. La mayoría de nosotros y de la gente que fueron afectadas está bien ahora, las que no se sienten seguras son las familias de los Templarios, esos son los que no se sienten seguros. ¿Qué está pasando? En el tiempo del 2009 al 2014 hubo mucha traición por parte de comuneros, de las familias que estaban infiltradas en la organización comunal y ahorita se está reconstruyendo, se está viendo quién sí sirve y a quién le funciona la comunidad y a quién no le funciona la comunidad. Lo digo así porque quiere decir que estamos de acuerdo con que las cosas se hagan bien, entonces la asamblea está tomando las determinaciones correctas, los que vendían madera, los que estaban de acuerdo con el crimen organizado, las personas que estaban de acuerdo con los 32 asesinatos y las 6 desapariciones, esas personas no nos sirven. No se les está corriendo, no se les está golpeando, no se les está haciendo nada ni siquiera se les toca un pelo de parte de los comunitarios o las autodefensas. La comunidad está decidiendo los castigos de acuerdo a los hechos que hicieron, no es una persona o dos, es toda la comunidad.

Nosotros nos mantenemos bien, pero a la expectativa de cualquier cosa, de que aquellas personas quieran infiltrarse, para eso estamos, para proteger a nuestras familias, la comunidad está organizándose, está reconstruyéndose y las familias en la comunidad viven bien. De mi parte remarcar que esto va a seguir por el bien de todos y no por el bien de unos cuantos como era antes.

Con este testimonio y con las palabras de Evaristo cerramos este texto, justo en la víspera de las celebraciones que conmemoran un año de trabajos comunitarios y de reconstrucción. Tal parece que Ostula, sus mujeres y hombres, se perfilan para constituirse en uno de los proyectos más sólidos y claros de autonomía indígena en Michoacán y en el resto del país. Su participación constante en el Congreso Nacional Indígena (CNI) y la reciente participación de algunos delegados en el Festival Mundial de las Resistencias y las Rebeldías contra el capitalismo ha permitido romper el silencio mediático y dejar claro que es la comunidad, a través de su asamblea general, la que va marcando el paso y el rumbo a seguir.

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