El Prefecto Diabólico por @JoseCruz777

Publicado el Febrero 9, 2015, Bajo Columna de opinión, Autor MonaLisa.

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Autor: José Cruz Pérez Rucobo – Género, historia verídica

He de aclarar primeramente que prefecto se refiere a una posición laboral dentro del magisterio. Los regularmente profesores que desarrollan esa función, se encargan del orden y la disciplina de los adolescentes estudiantes de secundaria, fuera de los salones de clase, también vigilan que durante las horas de clase, los alumnos se mantengan dentro de las aulas.

Hará cosa de 11 años a una sonriente y cálida -por la calidez y calidad de su gente- población del norte de México, llegó un tenebroso y torvo sujeto para hacerse cargo de la prefectura de una de las dos escuelas secundarias de la localidad, ¿cómo se atreve la SEP a incorporar a sus filas a personas altamente peligrosas para la integridad física y emocional de sus estudiantes?

Su nombre, Jorge Antonio, de alrededor de 24 años, mirada vidriosa y perdida, preparación académica lamentable o inexistente, además dejaba a su paso un fuerte olor a azufre -característica muy propia de Satanás-. Embonó perfectamente en esa secundaria, debido a que su planta de profesores era -es- una especie de pústula sanguinolenta de la educación en el Estado, quizá en el país.

Profesores que pese a su evidente ignorancia se daban el lujo -no todos- de agredir física y verbalmente a los jóvenes, amén de humillarlos con castigos decimonónicos, como por ejemplo, obligarlos a hincarse. Aquí hago un llamado de atención a los padres de familia que permiten que sus hijos sean sometidos a esas prácticas, no saben el daño psicológico que esto les causa, son seres que deberían proteger, no entregarlos a pervertidos.

Aquello era -es- un verdadero aquelarre, con un director que se casa con una alumna y deja a su esposa también profesora, además de embarazar a varias de sus profesoras. En ese contexto demoníaco llega Jorge Antonio e inmediatamente se pone a tono con el degradante ambiente y empiezan sus tropelías y desmanes.

Como todo tiene su contraparte, ingresa -para su infortunio- a esa terrorífica escuela, Norberto, quien fue un destacado alumno de una de las primarias. La primera agresión que sufrió, es que fue enviado al primero “C” después del examen de admisión. Su padre Eduardo, se extrañó debido a que su hijo Norberto había sido el alumno ganador del concurso académico regional en año anterior.

Inquiere acerca del porqué fue enviado al primero “C”, la lacónica respuesta fue, “su examen se extravió” -¿nada más el de él? Si, nada más, le contestaron. Norberto siguió recibiendo ataques de algunos de sus profesores, en la parte que más le dolía, en sus calificaciones. Esos engendros le rebajaban puntos de sus resultados escolares, con el peregrino argumento de que “no se esforzaba”, en cambio se otorgan puntos extras a quienes a criterio del profesor, se esfuerzan, aunque los resultados de los exámenes sean malos. Con eso se fomenta la mediocridad del estudiantado en México.

En ese ambiente perverso llega Jorge Antonio y el choque con Norberto fue instantáneo, Norberto a consejo e instrucción de su padre, no se hincaba ni permitía que se le humillara. Lo que obviamente molesta a los abusadores, el niño-adolescente que entonces contaba con 12 años, era el comandante de la banda de guerra, en alguna ocasión, tuvieron una presentación con algunas fallas, se encolerizó el prefecto y en público les aplicó un correctivo consistente en golpearlos en las corvas con las baquetas de los tambores.

Con todos le funcionó, pero, al intentarlo hacerlo con Norberto, este empuñó la corneta de órdenes presto a defenderse, el cobarde prefecto desistió de su propósito, sin embargo empezó a agredirlo verbalmente, él y otros profesores afines. La madre de Norberto, Emilia, fue a hablar con el endemoniado sujeto, antes de que Eduardo lo hiciera a su modo. El prefecto barbaján se burló de ella en forma insultante.

Eduardo que aunque; economista, escritor, presidente de los derechos humanos del poblado, lector empedernido, y profesor de una preparatoria local., atendía su pequeño negocio, donde vendía productos -dulces- elaborados por él mismo -no se extrañe esas cosas en México, gente preparada desempleada o sub empleada, y verdaderos asnos muy bien acomodados-. Al ser enterado Eduardo de los hechos, se enfurece y va en busca de aquel maldito.

El pueblo es pequeño y lo encuentra rápidamente. Es necesario hacer la aclaración de que Eduardo a pesar de su preparación intelectual, cuando se trata de proteger a los suyos suele ser muy físico, y sabe arreglar las cosas en diferentes escenarios, cosa que mucha gente no entiende. En este caso se trataba de poner en su lugar al infeliz abusón con su familia.

El resultado del enfrentamiento fue sorprendente aún para el mismo Eduardo, ya que contando él con casi 50 años, prácticamente aterrorizó a Jorge Antonio de tan sólo 24 años. Quien en su terror suplicaba perdón en forma dramáticamente lastimosa, era enfermamente cobarde, llevándose únicamente un par de cachetadas -con la mano izquierda, la derecha era para pegarle a los hombres-.

Eduardo y familia, emigraron a una ciudad cercana. Jorge Antonio siguió en las mismas, victimando a la población estudiantil, golpeando adolescentes, seduciendo jovencitas. pero todo tiene un final, este, aunque merecido fue trágico. Jorge Antonio fue encontrado bárbaramente despedazado, pero antes de morir, fue cruelmente atormentado por sus ejecutores, los que profanaron su cuerpo con saña, con rencor, con odio. Su vida fue perversa, su muerte feroz. Quizá fuese perdonado por Dios, es ese su oficio, no el nuestro.

PD la historia es verídica en un 95%, sólo el final es ficticio -sigue con vida, causando males- producto de la imaginación-deseo del autor. El que es partícipe de la idea, “si aquí la hizo, aquí la paga”.

Autor: José Cruz Pérez Rucobo

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