Golpes… de Risa – Por @JoseCruz777

Publicado el Enero 12, 2015, Bajo Columna de opinión, Autor MonaLisa.

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Autor: José Cruz Pérez Rucobo
Género, cuento-vivencia

¿Debe o no debe liarse a golpes un hombre? La respuesta casi en automático es no. pero, hay asegunes y situaciones como, defensa propia o de la familia donde es necesario hacerlo. Es complicado ir por la vida y por una sociedad sumamente violenta, haciendo el papel de la Madre Teresa de Calcuta, Buda o Gandhi.

Que una persona hombre o mujer, se sepa defender a si mismo, a sus seres queridos y a los débiles, es una condición deseable y necesaria. Recordemos que hay personas que no entienden otro lenguaje, solo el de los golpes.

La historia que relato a continuación, se suscitó en mediados los años 80’s, en la frontera norte. Caracterizada por la gran cantidad de empresas maquiladoras establecidas. Precisamente en una de ellas laboraba Esteban como supervisor de calidad. Deben de saber que hay una rivalidad épica entre los departamentos de calidad y de producción, siendo ahí donde se originó el conflicto que hoy nos ocupa.

La empresa -aún funciona con otra razón social- produce vestiduras automotrices -forros de asientos y respaldos- para la General Motors. Esteban hacía frecuentes visitas a los puntos de revisión, generalmente ocupados por inspectoras, él era dueño de una peculiar personalidad, exigía mucho a sus trabajadoras pero las compensaba dándoles un trato amable y estando muy al pendiente de su bienestar, procurando además su proyección -ascensos- dentro de la empresa.

Como el tipo perfeccionista que era, las tenía plenamente convencidas de que formaban parte de su equipo de trabajo por ser las más bonitas y las mejores inspectoras. Había mucho de razón en ello, debido a que Esteban tenía los mejores resultados y ello sólo podía ser posible sí contaba con el mejor personal.

Un día -de perros-, Esteban es testigo de un hecho que lo hizo enfurecer al máximo, unas de sus bellas y consentidas inspectoras eran agredidas por un barbaján supervisor de producción de forma verbal, y por más que esteban aceleró el paso no pudo evitar que el cobarde sujeto de nombre Oswaldo, impactara una pieza -vestidura- en el rostro de una de ellas.

¿Quién era el verraco de Oswaldo? era un gris individuo, mismo que había sido su compañero en la universidad, raramente soltero a sus casi 40 años, era además un alfeñique comparado con Esteban, la diferencia en peso corporal era de, fácilmente 15 kgs. amén de que este último poseía una cinta avanzada en karate do y demasiada experiencia en peleas.

Fuera de si, llega Esteban al lugar de los hechos y sin pensar en las consecuencias, toma una de las mismas piezas y se la estampa entre ceja, oreja y madre al abusivo Oswaldo, el que intenta iniciar la pelea -sabiendo que ahí los separarían- dentro de las instalaciones. le dice Esteban “aquí no, vámonos para afuera”.

Salen al exterior en medio del estupor de los demás empleados, le dice nuevamente Esteban “en aquel baldío -enfrente de la maquiladora- arreglamos cuentas”. En el camino reflexiona, su ira amaina y evalúa la gran diferencia física entre ambos, cuando llegan al lugar elegido, intenta disuadir a Oswaldo de tan desigual confrontación, él se niega suponiendo que tiene posibilidades de ganar, quiere pelea.

Se despojaron de sacos y corbatas, Esteban se pone en guardia y… aquí viene lo gracioso. Tal como el lo suponía, Oswaldo no había peleado nunca en su zonza vida -como mucho había visto peleas de box por la televisión- por lo que empieza un ridículo contoneo -bailoteo propio de boxeadores en el llamado round de estudio- con una guardia deplorable y sin ninguna idea pugilística. Un tanto extrañado Esteban por tan estrambótica postura-actitud, le lanza un certero puñetazo al rostro y Oswaldo dramáticamente cae al piso, con misericordia le dice, “¿ya estuvo Oswaldo?” Aquel se niega, y… le repite la dosis 3 veces, mismas que lastimosamente lo hace visitar al piso -tierra vil-.

Regresan a la planta maquiladora, se ponen de acuerdo para negar que se hayan peleado. Tal como lo suponían el gerente de personal ya estaba constituido en pelotón de fusilamiento presto a ejecutarlos -principalmente a Esteban-, de acuerdo con lo acordado lo niegan todo. Dice airado el de personal “cómo de que no, mira como vienes Oswaldo”, presentaba el hocico -perdón, boca- reventado además de otras escoriaciones y sangrados faciales, dice Esteban, “lo que pasó es que se cayó, ¿verdad Oswaldo que te caíste?” contesta muy triste el aludido, “si, me caí”.

Irrumpe iracundo en la oficina de personal el gerente -norteamericano- de control de calidad, de nombre Gerry H. y le pregunta a Esteban en Inglés, ¿qué pasó te peleaste? No, contesta Esteban, dice Gerry ¡entonces vámonos de aquí! En el camino el gerente le comenta, “por lo que se ve le ganaste” contesta Esteban “no nos peleamos”, explota el buen anglosajón ¡no digas pendejadas, claro que te peleaste! Algo así como ¡come off the shit of your mouth, you fight! Es decir, nunca se le engañó, sólo fingió creerlo.

Moraleja.- los que agreden a mujeres, niños e indefensos, son regularmente cobardes cuando se trata de enfrentar a quien les conteste los golpes.

Autor: José Cruz Pérez Rucobo

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