El Valor de la Palabra – Cuento por @JoseCruz777

Publicado el Diciembre 19, 2014, Bajo Columna de opinión, Autor MonaLisa.

el valor de la palabra_thumb[1]

Cuento por José Cruz Pérez Rucobo

Hay una bonita frase que dice, “El mundo cambia con tu ejemplo, NO con tu opinión”, sirva esta frase de telón de fondo para la siguiente historia, en la que se ejemplifica el valor que le daban nuestros antepasados inmediatos; el alto valor que para ellos significaba la palabra empeñada o palabra de honor.

El hecho se dio en una pequeña ciudad al norte de México, su nombre… no importa, pudo haber sucedido en cualquier parte de la república mexicana.

Manuel era un joven de 23 años, que si bien ayudaba a su padre don Marcial en las labores propias de su próspero rancho, también era cierto que sus cargas de trabajo y responsabilidades eran ligeras, y muy bien recompensadas por su padre que veía en él, el reflejo de si mismo.

Las favorables condiciones antes descritas, hacían de Manuel una persona un tanto insustancial y poco dado a la formalidad en sus actos. De momento su prioridad era una camioneta, -por acá se les llama troca, por provenir del Inglés truck-, la cual era su máximo orgullo, el vehículo era una Ford modelo 1966 con caja California, de las que los conocedores llaman clásicas.

Tenía con ella casi 5 años, durante los cuales le realizó importantes mejoras en su funcionamiento y apariencia. Manuel era feliz ya comprándole un buen juego de llantas altas con rines lujosos, alterando la suspensión para elevarla 5 pulgadas, reparando el motor, ingresándola al taller de pintura, adaptándole un buen sonido y comprando todo tipo de accesorios que la hicieran lucir. Porque además la camioneta era su principal atractivo a la hora de conquistar féminas.

Total que la camioneta en cuestión, así como era motivo de admiración, también lo era de envidia y rencores de alguna gente que no podían permitirse el lujo de invertir tanto como lo hacía Manuel, quien se divertía con ello y frecuente e innecesariamente, lavaba, limpiaba y pulía su tesoro.

Un buen día -no tan bueno para el joven-, don Nicanor cuyo rancho colindaba con el de ellos y azuzado por su hijo único Alfonso, que codiciaba la camioneta le dijo a Manuel, “Que bonita camioneta, ¿cuánto quieres por ella?” Insensatamente el aludido lo tomó a juego y le dijo, “Deme $20,000.00 por ella don Nicanor”, sorprendido por el bajo precio el ranchero y le dijo, “Voy al banco por ellos te veo en una hora, tenme los papeles a la mano”.

El joven se queda confundido, debido a que bajo ningún aspecto era su intención deshacerse de su vehículo, mucho menos a ese precio. No entendió que don Nicanor le hablaba completamente en serio, no era hombre que se anduviera con juegos. En un segundo error, Manuel decide esconderse como una forma ingenua de eludir el compromiso contraído, quizá si en el momento de su juego le dice a don Nicanor que lo disculpara, que se había equivocado, que no tenía la intención de desprenderse de su unidad a ningún precio, tal vez ahí hubiera acabado el problema.

Pero al esconderse de forma cobarde, se hizo de delito y provocó que don Nicanor se sintiera burlado y herido en su amor propio. La noticia en esa pequeña ciudad, corre, vuela, se aumenta y adquiere proporciones desmesuradas. Agrava la tensión que se sentía, algunas declaraciones de don Nicanor y Alfonso en la cantina del lugar con mas afluencia de parroquianos, donde mencionan que los Ramírez -así se apellidaban don Marcial y Manuel- no tienen palabra.

Todo llega corregido y aumentado hasta los oídos de don Marcial, cuya conducta intachable y fama de cumplidor se ve menoscabada. Decide enfrentar a los hablantines, pero antes habla con su hijo, le pregunta, ¿es cierto que ofreciste venderle la camioneta a Nicanor en $20,000.00 y ahora te echas para atrás?

Si, dice Manuel, pero no estaba hablando en serio. Le dice su padre, “Cuando un hombre habla, siempre lo hace en serio, ¡véndele la camioneta en lo que dijiste!” Pero papá exclama el joven, “Pero si vale fácilmente el triple”, valga lo que valga, ¡vas a honrar tu palabra! Por sus habladurías y bocas sueltas, ya habrá ocasión de arreglar cuentas.

el valor de la palabara

Autor: José Cruz Pérez Rucobo

COMENTA TAMBIÉN SIN FACEBOOK: