PERFILES: Autobuses en el zócalo

Publicado el Septiembre 22, 2014, Bajo Columna de opinión, Autor LluviadeCafe.

Lilia Arellano perfiles

Entre viajes al pasado tanto remoto como mediano, con muchas luces del presente, pasando de un tirón de una época a otra; sacudiendo las pestañas, entrecerrando los ojos, haciendo memoria y relacionando imágenes que por una y mil razones se tienen almacenadas en ese gran disco duro que tenemos integrado al organismo, transcurrió la velada de la noche del 15 de septiembre en el majestuoso Palacio Nacional. Hicieron su aparición, tomados del brazo, los protagonistas de la noche.

Ella sonriente, moviendo de un lado a otro la cabeza en señal de saludo a quienes en una primera fila integraban la gran valla que conducía hacia el punto en donde el titular del Ejecutivo mexicano recibiría el Lábaro patrio y ella contemplaría desde el balcón como su cónyuge daba vida a un protocolo que ya dura más de dos Siglos ante el griterío de miles de hombres y mujeres que llegaron hasta el Zócalo capitalino a bordo de autobuses puestos a su disposición para un rápido ingreso y acomodo, todo ellos portando un distintivo pegado a las camisas que los ubicaba como la gran red de protección para un gobernante cuyo peor enemigo es el hambre de su pueblo.

Sabríamos entonces que la prenda que portaba la primera dama, de dos piezas, en tonos negro y fiusha, dejando entrever la raíz de los senos, la prolongada cintura y las curvas de las caderas tal y como María Victoria daba vida a la envidia que miles de mujeres sentíamos por el atractivo que ejercía sobre el sexo masculino, tuvo un costo de 40 mil dólares aproximadamente y que ya con el maquillaje, el peinado, las alhajas, lo que ese día portaba quien protagonizara a una humilde jimadora, llegaba a los 2 millones de pesos, cifra insignificante para el costo del acondicionamiento de las áreas en donde se distribuyó a los invitados especiales, cerca de 600 y el gran patio central que albergó a los más de mil doscientos asistentes a quienes la Presidencia de la República les giró la invitación para estar presentes y acompañar a la versión moderna de don Porfirio a dar el “Grito”.

Fueron más de 60 millones de pesos los que se destinaron para la festividad. Dinero suficiente para que les pudieran dar platillos calientes a todos los que fueron desde Ecatepec y otros puntos del Estado de México a llenar esa gran plancha que ha sido mudo testigo de aconteceres de este país, mismos que la han convertido en pista de hielo, gran centro de espectáculos musicales, reunión de miles y miles apoyando a candidatos a presidentes perdedores, de la llegada de tanques amenazantes sobre la población, de prolongados y demagógicos discursos, del lanzamiento de bombas caseras a los balcones del Palacio, de la llegado de caballos y charros y de cientos de hombres y mujeres que hoy, como antaño, reclaman justicia social.

Así, del gran lujo con el que rodeaba Porfirio Díaz y doña Carmelita en las ceremonias de ese tiempo llevadas a cabo en este lugar, no se escatimó ningún recursos para que se reviviera la escena en estos días en donde, igualmente, más de la mitad de mexicanos está hundido en la miseria, en el desempleo, en la desesperanza. Las vestimentas de las grandes damas asistentes concordaban con lo espectacular de las de aquellos tiempos. Solo que la imagen de la célebre mucama “Inocencia”, hacía que el traslado a 180 años después surgiera de inmediato. Y luego vendría el porte de los señores. Los trajes de marca europea, igual que antaño, no faltaron. Tampoco el recorte de las barbas, el pelo acicalado hacia atrás, los espesos bigotes y los que hicieron famoso el número 41, yernos, como entonces, de los hombres de gran poder político y económico.

Claro que más de una vez se pensó que México, sus habitantes, merecen ceremonias de este nivel, festejar una independencia en la cual el principal grito señaló la caída de los malos gobierno. Claro que hasta los más humildes tecleadores o tundemáquinas o reporteros o editores o periodistas o dueños de medios de comunicación, sienten la presencia que genera el tener en una sola reunión a la “crema y nata” de la más alta sociedad mexicana y de los representantes de más de 50 países. Solo que resulta paradójico que solamente unas paredes dividan de manera tan radical a los integrantes de un solo país. Solo que resulta incomprensible que, con todo y los cambios anunciados durante el último Siglo, con la modernidad presente, con la globalización, con los avances tecnológicos que llaman “de punta”, con la velocidad de las comunicaciones, este espacio geográfico luzca paralizado.

Las cifras entre los ingresos de unos y otros son la primera marca que hace la gran diferencia, que clasifica a las sociedades y que nos devuelve a los tiempos en los que se dieron grandes luchas que se suponía servían para que los ciudadanos mexicanos vivieran mejor, fueran los dueños de sus tierras, de su petróleo, de la explotación de sus mares y de sus minas, de su espacio aérea, lograran con su generosa tierra contar con los alimentos suficientes y se llegara al punto en que se decidiera libremente quienes serían los gobernantes. Sin embargo solo remedos de los que se pretendía lograr se han recibido y las muestras de la necesidad de contar con aplaudidores comprados con frijoles y lentejas sigue siendo la misma de cuando los terratenientes y los grupos extranjeros dominaban.

Lo que ya se encierra en el Palacio Nacional, también se guarda dentro de Los Pinos. No se aceptan miradas indiscretas, las adaptaciones, que no han sido baratas ni mínimas, son todo un secreto. El destino de las “cabañas del amor” de Vicente Fox, transformadas en oficinas con Calderón, hoy no se sabe si existen o fueron derrumbadas. Y es que todo debe hacerse de acuerdo con el gusto y preferencia de la pareja presidencial del momento y, para que puedan cumplirse todos esos caprichos de quienes habitaran el lugar solamente por 6 años, no se duda en incrementar impuestos, en reducir prestaciones sociales con tal de lograr la aprobación sin límite de empresarios que son necesarios, junto con sus capitales, para mantener a un partido en el poder.

Ahora que la interrogante sobre lo que hace lucir tan esplendorosas sonrisas y dentaduras tanto de hombres y mujeres prevalece entre quienes, sabedores de lo incierto del futuro, no logran explicar. Aunque motivos sobran: masajes relajantes, ayuda de cámara, cocineros, meseros, servicio en todas las áreas, ningún límite para los gastos tanto personales como para la familia y el mantenimiento de una o varias mansiones, tarjetas internacionales ilimitadas y en varias monedas, entrenadores personales, dietas especiales, cirugías con especialistas reconocidos y con resultados a la vista en el cinematógrafo o en las más famosas series televisivas mundiales y maridos con impotencia generada por stress, exceso de carga laboral o cambio de gustos sexuales, les permite, con la discreción por delante, gozar del calor de cuerpos jóvenes, sanos, musculosos, dotados de gran paciencia y lentos puntos de culminación.
Así que frente a todo lo visto no queda más que recordar que, si la envidia fuera tiña ¿cómo nos veríamos más de diez? Claro, en referencia con las que estaban dentro de Palacio, no fuera de él, y vale consolarse con preguntar: ¿quiénes se van a ir al cielo? O para no verse tan negativos ¿quiénes serán más felices?

COMENTA TAMBIÉN SIN FACEBOOK: