Tercera Lamada: ¿Quién quiere una notaria? El trasfondo del caso Parra

Publicado el Septiembre 17, 2014, Bajo Columna de opinión, Autor LluviadeCafe.

SALDAnA

Elegante como el diablo, permanente consumidor de tabaco, rico como para tapizar la Avenida Carranza con los billetes parados, el mejor usufructuario del conveniente prefijo de “ex gobernador” (aunque solo lo haya sido por un año), amigo personal de no importa qué funcionario de gabinete, empresario pero también ex consejero presidencial, diputado federal, también local, dueño de medios y priista ejemplar.

La anécdota el propio personaje la relata, corría el año 1990 y en una llamada telefónica con su amigo y entonces presidente del Comité Nacional del PRI, Luis Donaldo Colosio Murrieta, hubo solicitudes de subida y de bajada, el desaparecido ex candidato presidencial le pidió a su amigo aceptar la candidatura a una diputación local potosina en la LIII legislatura, el fumador personaje puso tres condiciones: 100 mil dólares para la campaña, ser presidente de la gran comisión y una notaría. Las tres peticiones se concedieron.

Fue diputado, se gastaron los 100 mil dólares en la campaña y le entregaron notaría, esta última le fue encargada a su socio de despacho e incondicional amigo Héctor Parra Espínola: “Te la encargo pero es mía”, fue la sentencia al recibir el Fiat.

Bien trabajada una notaría es prácticamente una mina de oro y eso es bien conocido por los que eran 37 que hoy son 35. El incondicional amigo trabajó la mina y encontró la veta, las ganancias se compartían a través de una veterana administradora que intervenía la caja de cuando en cuando en favor de del poderoso y elegante.

Así pasaron los años hasta que murió el incondicional amigo y socio. También murió el acuerdo cuando la experimentada administradora fue despedida por el heredero sanguíneo del notario, que sin saber echó a sí mismo una grande soga color rojo como las llamas del infierno.

El hombre elegante volvería a reclamar lo que siempre consideró como propio. La defensa del heredero confía en la ley pero se olvida que el enemigo es el Estado. Apostarle al tiempo y al cambio de administradores temporales del poder parece ser la mejor salida…

¿Quién quiere una notaria?

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