#ColumnaRNR por @LeguDaniel: Seven y el mundo de lo sagrado y profano

Publicado el Febrero 19, 2014, Bajo ColumnaRNR, Autor @Sociologuito.

Radio la Nueva República | Columna RNR
Daniel Leguízamo | @LeguDaniel enero 19 de 2014.

Seven: 1995
Dirección: David Fincher
Escrita por Andrew Kevin Walker

George Bataille habla de dos mundos: el de lo sagrado y el de lo profano. En el mundo de lo sagrado se encuentra lo que no es corpóreo, todo aquello que no podemos percibir con nuestros sentidos, mientras que en el mundo de lo profana se encuentra nuestro cuerpo y nuestra forma terrenal “la carne”. Es en el mundo de lo profano donde se encuentran los pecados, el pecado visto desde la óptica cristiana como el deseo de satisfacer nuestras pasiones y deseos terrenales.

Los personajes de la película seven del director David Fincher, se encuentran traspasando entre estos dos mundos. El villano que se descubrirá poco después de la mitad de la película, se encuentra obsesionado con pertenecer al mundo de lo sagrado, rechazando por completo el mundo de lo profano. El interés religioso pasa a ser una obsesión, en lo único que se piensa es en librarse del pecado, negarlo por completo y la única forma en la que se puede lograrlo es castigando la carne, en este caso Jhon Doe, villano de seven castigara a personas específicas que simbolicen los siete pecados capitales.

Por el contrario Mills es un detective novato que se deja llevar por sus instintos y sus pasiones, él aún no puede reconocer estas dos dimensiones, para él no existen, no piensa en cual se encuentra ni si quiere rechazar o aceptar alguna. Mills solo actúa para obtener los resultados que él espera, vive con un aire de arrogancia y sin dar a notar evidentes conflictos internos, acepta su parte profana y vive con ella, se rinde a sus pasiones con facilidad y se deja llevar por su violencia y compulsividad, en el filme se le muestra con una ira que pocas veces contiene.

Estos son los dos mundos en choque, ambas visiones de la vida: la del pecador y la del que busca encontrar lo sagrado. Entre estos dos personajes debe existir un mediador, para eso está Somerset el detective experimentado que sabe controlarse, que logra ver más allá de lo evidente y que será el guía de Mills en su descubrimiento como detective. Somerset es un personaje equilibrado entre estos dos mundos, no busca la santidad pues acepta sus errores y arrastra un pasado que si bien no es de lo más oscuro él si es atormentado por este. Pero tampoco es un pecador, sabe controlar sus impulsos no se deja llevar por completo a sus pasiones.

Este es el escenario en el que se confrontarán los mundos el de lo sagrado personificado por el asesino Doe, el de lo profano encarnado por el inexperto Mills y el punto del equilibrio, la guía de Mills: Somerset. Doe representando la frustración y el eterno camino tortuoso al que se enfrentará cualquiera que quiera pertenecer a lo sagrado y rechazar su carne, como si pudiéramos salirnos de nuestro cuerpo y dejar de sentir las pasiones, el deseo y la ambición al que estamos condenados al estar incrustados en nuestros cuerpos.

Mills y las victimas de Doe son personajes atrapados por sus deseos nublados de visión por la obsesión de obtener una parte de los placeres carnales, así como Doe está obsesionado con encontrar lo sagrado, los pecadores están condenados a obedecer sus instintos sin poder ver más allá del deseo. Ambas perspectivas están condenadas a la destrucción de sus seguidores.

Pero en este juego de anhelo de pureza no deja de aparecer su contraparte: El plan final es delatado al llegar un mensajero con la cabeza de Tracy, la esposa de Mills -quien estaba embarazada-. Doe acepta ser un pecador, peca de envidia, no acepta su parte carnal y actúa contra sí mismo, rechaza su profanidad y se castiga por no poder eliminarla. Pierde de vista la idea de que no puede pertenecer sólo a uno de estos mundos, no acepta que los seres humanos somos carne rellena de ideas y conciencia, de abstracciones y creencias, y de una –muchas veces atrofiada- espiritualidad. La consecuencia de ignorar la búsqueda del equilibrio entre lo sagrado y lo profano es estar condenados a la frustración, pues la vida está estrechamente vinculada en ambos momentos.

Al enterarse del plan, Mills actúa de manera violenta -otra vez en la complacencia de sus impulsos-. Dispara a la cabeza de Doe. El círculo está terminado, las pasiones y el arrebato vencen: El “ello” vence al “superyó”. El anhelo de lo sagrado perece y, paradójicamente, los pecados se regocijan en sus nuevas formas.

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