Buen uso del tiempo

Publicado el enero 6, 2013, Bajo Columna de opinión, Autor MonaLisa.

Los humanos somos con el tiempo tan insensatos, que permitimos que cualquier persona nos haga esperar horas, días o años, a fin de lograr un objetivo; somos capaces de emplear días y años en tareas absurdas e inútiles, y de envejecer haciendo lo que siempre detestamos hacer.

La naturaleza del ser humano, la maravillosa complejidad de su cerebro, los sacrificios de su solidaridad al dar la vida, pero el “tiempo”, que es la esencia de la vida, la tela de que está hecho el vestuario de nuestra existencia, lo malbaratamos, lo despreciamos de tal modo, que cuando no sabemos qué hacer con él, nos llenamos de hastío.

jacintofayaviesca@hotmail.com / @palabrasdpoder06 enero 2013 / El Mañana

Potencial para la bondad
Cuando pasamos por un mal momento o por circunstancias adversas, nos decimos: ¡Ya, que pase ésta mala racha, ojalá ya se termine el año!

Si la avaricia, que es una enfermedad del alma, quisiera encontrar su buena excepción que confirme la regla, sería que ésta monstruosa fealdad de la avaricia, adquiriera un destello de esplendida belleza, al ser codiciosa con el “tiempo”.

La verdad es que si medimos la duración de nuestra existencia, cualquiera que ella fuere, en relación a la eternidad, todos nosotros, niños, adultos y ancianos, seríamos iguales.
Nada es nuestro tiempo en relación con la eternidad.

¿Ésta reflexión nos sirve para desvalorizar el tiempo, o para valorarlo en alto grado? Si toda nuestra existencia va a caber en una palpitación del universo, ¿no habrá mayor locura que tirar el tiempo, al igual que un pescador tira al mar un objeto inservible que ha atrapado su red?
“Breve e irreparable es para todos el tiempo de la vida”, escribió Virgilio.

Todo aquello que llamamos riquezas, como casas lujosas, joyas, costosas vestimentas, depósitos bancarios, nos pertenecen sólo en calidad de cosas prestadas, y ni prestadas nos son, si no obtenemos de ellas provecho o deleite alguno.

Pero todas esas precarias posesiones no son parte de nosotros.

En cambio, el tiempo si es nuestro, pues sin él no podríamos ser niños, jóvenes, y ni siquiera existir.
La Naturaleza quiso que el tiempo fuera lo más nuestro, la posesión más útil de todas.

Sólo que el tiempo, nuestro tiempo, encierra una sagrada y trágica paradoja: con nuestro tiempo podemos crearnos un cielo en la tierra: asombrarnos ante las bellezas y misterios de la Naturaleza; pero también, ese hilo de oro cualquiera puede cortarlo y retirarnos de la vida.

El tiempo es como la delicadísima mariposa.

Exuberantemente bella, pintada de los más bellos colores, capaz de surcar los espacios, pero tan delicada, que puede morir si ejercemos una leve presión teniéndola entre nuestros dedos.

Malgastamos el tiempo como si se tratara de algo que no existe.
Somos capaces de disponer del tiempo de otros, como si fuera nuestro tiempo, y al retirarnos, no tenemos la menor conciencia de que no podremos devolverle al que nos lo ofreció, ni un segundo de él.

Todos creemos tener derecho a pedirle a otro minutos o más de su “valioso tiempo”, no siendo esto más que una frase hueca, pues en la realidad, no valoramos el tiempo que nos regalan, ni valoramos el que regalamos.
El tiempo no es convertible en dinero, de ahí la corrompida frase: “time is money” (el tiempo es dinero).
No podría haber una mayor distorsión que equiparar el tiempo al dinero.

¿Por cuánto dinero nos comprometeríamos para jamás ver ni tomar en nuestros brazos a nuestros hijos? ¿Cambiaríamos nuestro amor por la vida, el amor que guardamos a nuestros hijos, la posibilidad de admirar las bellezas de la naturaleza, de pasar nuestro tiempo ejerciendo nuestro vocación, por todo el oro que guardan las entrañas de la tierra?

“Coge, oh doncella, las rosas mientras están en flor y tú en tu adolescencia, acuérdate de que al igual que ellos, tus horas pasan velozmente”, escribió el romano Ausonio.

También nosotros debemos coger las rosas de la vida mientras están en flor.
¿Podremos coger las rosas de las miradas de nuestros hijos si no lo hicimos en su tiempo?
Una de las tragedias que más nos suceden en nuestras vidas, consisten en no tomar plena conciencia de las cuestiones más importantes.

¿No es tiempo ya, de hacer con nuestro tiempo, todo aquello que más nos importa?: platicar mucho más con nuestros hijos, nuestro cónyuge, mirar con mayor detenimiento las bellezas de la naturaleza, conversar con nuestros amigos, escuchar la música que más nos agrada, cumplir con nuestra vocación.

Hagamos con el óptimo empleo de nuestro tiempo, el supremo arte de nuestra vida.

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