TELEMISION. Por: @ByronBarranco

Publicado el julio 15, 2012, Bajo Columna de opinión, Autor Molotov.

Se dice y con sobrada razón que las condiciones de ignorancia, indolencia y enajenación en que vive la mayoría de los mexicanos es producto de su exposición a la televisión. Una televisión que ha ido mutando de inocuo medio masivo a inmoral medio nocivo y que gracias al poder económico obtenido en el juego de la oferta y la demanda capitalista, se ha transformado en el más influyente de los llamados poderes fácticos, al grado de distorsionar la percepción de la realidad nacional, vendiendo gato por liebre, maquillando dictaduras, legitimando fraudes, corrompiendo conciencias y “haciendo presidentes”. También es cierto que la televisión, ese aparato que el siglo pasado era el lujo de unos cuantos y actualmente está al alcance de cualquiera en todos los rincones del país, ha sido un alivio para la soledad, una nodriza mágica de nuestra infancia, un sustituto edulcorado de la vida real, un reflejo de nuestras costumbres y un espectáculo casi gratuito que nos aleja de la lectura y nos ahorra la ida al teatro, al museo y al estadio. Más que una costumbre es ya una tradición, la reunión familiar en torno del aparato casi en cualquier horario pero particularmente al finalizar las jornadas laborales.

   En 2005 escribí “Toma el control”, tema que en su estribillo dice: “Toma el control no seas un pelele, toma el control y apaga la tele”. Invitaba, emulando conceptualmente a la banda Molotov, a tomar el poder y a iniciar el proceso de la liberación de la conciencia apagando el televisor. Pero, nadie apagará la televisión con una voluntad disminuida, manipulada. La tele es un narcótico, un alucinógeno y un destructor sumamente adictivo.

Lo ideal sería arrancar del asiento al televidente ofreciéndole distracción en su calle, en su barrio, en su colonia. Reafirmar la sugerencia de “apaga la tele” al tiempo de ofrecer la alternativa. Salir en brigadas de pantallas ambulantes, que ofrezcan el elemento aglutinador del aparato televisivo pero con proyecciones de contenidos concientizadores. Una especie de carpa del siglo XXI que lleve noticias, documentales, música culta, teatro y hasta deportes si se quiere, para regularmente ofrecerle a quien no tiene más distracción y afición que la televisión abierta o de paga, una opción, un tratamiento a su adicción a la basura. Los que alguna vez fuimos adictos y logramos liberarnos de su nefasta influencia, tendríamos en nuestras manos LA TELEMISIÓN.  Una pantalla, un reproductor de video y de ser posible un amplificador, en camionetas, carretas, triciclos, o en las mismas ventanas, balcones y portales de la gente con posibilidades y conciencia plena, para invitar a los vecinos a distraerse por otros medios. La distracción bien encauzada también cultiva. Podría organizarse un centro de selección de contenidos para reunir en un DVD una especie de programación semanal que se distribuyera por todo el país a reserva de que cada brigadista consciente proyectara los contenidos que considerara adecuados para la tarea.

   Eliminar al duopolio televisivo que ejerce junto a otros medios el monopolio (des)informativo, es, en un estado de derecho simulado como el que nos rige, una labor casi imposible de llevar a cabo y si no es imposible, es, a todas luces, insosteniblemente lenta. Si nos han secuestrado el espectro radioeléctrico todavía tenemos las calles para encender la luz de la conciencia. Apaga la tele y únete a la telemisión.

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