El delicado arte del trapecio político

Publicado el abril 29, 2012, Bajo Columna de opinión, Autor MonaLisa.


Nada nuevo bajo el sol podremos encontrar en el próximo Congreso de la Unión. Porque al menos una parte de sus integrantes, la que controlará tanto a la Cámara como al Senado, son políticos que por tercera, cuarta, quinta y hasta sexta ocasión ocuparán un cargo de elección popular.

Por Zorayda Gallegos / Proceso -27 abril 2012

Tanto así que una veintena de ellos, de los tres principales partidos, acumulan sobre sus espaldas 307 años de ocupar todo tipo de puestos: desde regidores hasta gobernadores. Muestras abundantes hay en las listas de candidatos plurinominales de quienes han hecho de brincar de un cargo a otro todo un sofisticado arte político. No es un dato menor que 90 por ciento de los próximos 200 diputados y 32 senadores plurinominales repetirán en algún cargo de elección.

Ni se inquiete.
No importa por qué partido vote.
Al próximo Congreso de la Unión poca sangre fresca llegará.
Tanto el Senado como la Cámara de Diputados estarán integrados en buena medida por rostros muy conocidos, políticos que por tercera, cuarta, quinta y hasta sexta ocasión ocuparán un cargo de elección popular.

El grupo más representativo lo integran 20 de estos políticos profesionales que arribarán sin lugar a dudas al Congreso, pues ocupan un lugar destacado en las listas de candidatos plurinominales que ni siquiera requieren hacer campaña para llegar.

Esta veintena de políticos acumula en conjunto 307 años de desempeñar todo tipo de puestos: diputados locales, diputados federales, senadores, gobernadores, alcaldes, regidores y jefes delegacionales.

En las listas de candidatos por representación proporcional registradas por PRI, PAN y PRD ante las autoridades electorales destaca que las posiciones se rotan entre un número relativamente pequeño: 90 por ciento de los próximos 200 diputados y 32 senadores plurinominales repetirán en algún cargo de elección, según una revisión hecha por emeequis a la biografía profesional de quienes ocupan los primeros 10 lugares en dichos listados.

Muchos de ellos han hecho de la costumbre de brincar de un cargo a otro todo un arte del trapecio.
El de Arely Madrid Tobilla es un ejemplo.
Candidata a diputada federal por el PRI, lleva poco más de una tercera parte de su vida (21 años) en puestos de elección popular.

La carrera de esta chiapaneca de 60 años comenzó en 1982 cuando obtuvo su primera diputación federal.
Tres años después de concluir ese cargo, repitió la encomienda.
En 1997 fue designada por tercera ocasión legisladora federal, mientras que en 2006 obtuvo nuevamente un lugar en la Cámara de Diputados, de donde “saltó” en 2009 a una diputación local en Chiapas para el periodo que concluye en 2012.

Ahora, antes de terminar su cargo, aparece nuevamente en las listas del PRI para ocupar por quinta ocasión una diputación federal por la vía plurinominal.

Pero no sólo eso.
De acuerdo con información oficial sobre las percepciones de diputados y senadores, Arely Madrid ha obtenido en esos 21 años un ingreso mínimo de aproximadamente 13 millones 700 mil pesos.

Pero si a esa cantidad se le suman compensaciones como el bono mensual de asistencia legislativa, los fondos para atención ciudadana, el seguro de gastos médicos, el fondo de ahorro, la gratificación de fin de año, el apoyo para transporte, entre otras, el ingreso se triplica y llega a 41 millones de pesos.

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Los próximos diputados y senadores plurinominales pueden presumir larga trayectoria: ya han sido diputados locales, federales, senadores, alcaldes, regidores y gobernadores, según se constató al analizar las listas dadas a conocer por los partidos políticos.

El PRI es el partido que más artistas del trapecio incluye en sus listas “pluris”: tiene 10 candidatos que en conjunto suman 163 años de brincar de un puesto a otro con facilidad.

Uno de ellos es Armando Neyra Chávez, candidato a senador, quien ha sido regidor, diputado local y cinco veces diputado federal.
Es decir, durante 15 años ha tenido oficina en San Lázaro.

Otro es Manlio Fabio Beltrones, que ha sido gobernador, diputado federal en dos periodos y senador también en dos ocasiones.

Mención especial merece Manuel Añorve.
Este priista inició su carrera política como síndico procurador de Acapulco en 1993.
Cuatro años después fue electo presidente municipal interino y en el ejercicio de ese cargo (1998) desarrolló su habilidad para “brincar”.

Ese año solicitó licencia para ser precandidato del PRI a gobernador, pero no obtuvo la candidatura y, entonces, retornó a la alcaldía.
No conforme, Añorve volvpedir licencia para buscar ser diputado local.
Lo logró: fue electo legislador de Guerrero para el período 1999-2002.

Sin embargo, cuando todavía no cumplía ni el año como diputado local, aspiró a saltar más alto y volvió a pedir licencia, ahora para un cargo federal.
Consiguió una diputación para el trienio 2000-2003, dejando inconclusa su labor en el Congreso de Guerrero.

Después, en 2009 fue electo alcalde de Acapulco, pero un año después, en agosto de 2010, pidió y obtuvo licencia para contender por la gubernatura de Guerrero, pero al perder la contienda tuvo que regresar seis meses después, en febrero de 2011, a su cargo de presidente municipal.

No conforme con la amplia experiencia que ha adquirido, el pasado 15 de marzo de este año el cabildo de Acapulco le otorgó licencia por enésima ocasión –a nueve meses y medio de que concluya su cargo– porque va por una diputación federal que ya tiene asegurada por la vía plurinominal.

Pero el PRI no es el único partido con cuadros que poseen habilidades para saltar.
Las listas del PAN incluyen a 10 hombres y mujeres que suman 138 años en el poder.

A la cabeza habrá que colocar a Francisco Ramírez Acuña, que ha sido diputado local en dos ocasiones, regidor, presidente municipal y gobernador de Jalisco, cargo en el que solicitó licencia en el 2007 –tres meses antes de terminar su periodo– para ser secretario de Gobernación del presidente Felipe Calderón.

Después, en septiembre de 2011, sustituyó a Josefina Vázquez Mota en la Cámara de Diputados y se quedó como coordinador de los legisladores panistas.
Ahora, Ramírez Acuña pretende conseguir un lugar en el Senado de la República.

Otro “chapulín” panista es José González Morfín, quien ha sido regidor, diputado federal, diputado local y actualmente senador.
En total lleva 17 años en puestos de elección popular.

El PRD también ha postulado a políticos que llevan años yendo de un puesto a otro.
Sólo ocho de ellos suman 86 años en cargos de elección, como Amalia García –actual candidata a senadora–,quien ha sido diputada federal, senadora y gobernadora.

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En lo que va de esta legislatura, 172 diputados y 54 senadores han solicitado licencias, de acuerdo con un monitoreo realizado por Impacto Legislativo, una asociación civil que nació en 2004 como parte de un proyecto de investigación del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).

José Augusto Garrido Delgadillo, encargado del área de Seguimiento Legislativo de esta agrupación, que ahora se ha consolidado como un proyecto ciudadano independiente, señala que en este año 90 diputados y 15 senadores han solicitado licencia para contender por otros puestos de elección popular.

De ellos, 24 buscan llegar al Senado, ocho a congresos estatales, una al gobierno del DF, 11 a presidencias municipales y tres para jefes delegacionales.

El especialista en temas legislativos precisa: los diputados Juan Carlos Lastiri, Luis Félix Rodríguez Sosa, Omar Fayad y Claudia Ruiz Massieu, del PRI, así como Alejandro Encinas, del PRD, han solicitado licencia en dos ocasiones.

En el caso de los senadores Adolfo Toledo y Ramiro Hernández, ambos del PRI, han solicitado dos veces licencia, pero el suplente de este último, Rafael Yerena, no ha rendido protesta porque actualmente es diputado federal.

“Hay otro punto muy importante.
Por ejemplo, Javier Corral pidió licencia y él era presidente de la Comisión de Gobernación, así que hubo dos, tres semanas que estuvieron esperando a ver quién iba a ser el nuevo presidente.
Eso tiene una consecuencia: se para el trabajo legislativo”.

En otras comisiones, agrega José Augusto Garrido, al no haber quórum se tiene que suspender la reunión, entonces no se pueden analizar y menos dictaminar los asuntos pendientes.

Otro dato interesante, resalta, es que 26 diputados que se separaron de su cargo han regresado a sus funciones legislativas, mientras que 33 diputados suplentes no han rendido protesta.

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Pese a que la reelección consecutiva no existe en México, los políticos han encontrado la manera de mantenerse en un puesto de elección popular: se cambian de cámara, pasan de diputados a senadores, o viceversa.

Otros, cuando concluye su cargo, ocupan algún puesto público, ya sea municipal, estatal o federal, y al siguiente periodo buscan regresar al Poder Legislativo, explica Diego Ernesto Díaz Iturbe, director de Impacto Legislativo.

Sin embargo, dice, “el espíritu del legislador no era permitir estos saltos entre poderes, si no permitir espacios para que hubiera más representatividad, que eso es lo que sale minado al tener políticos chapulines o trapecistas”.

El hecho de que los diputados salten de una cámara a otra tiene sus ventajas y desventajas, según él.
Lo positivo, aclara, es que llegan personas con experiencia legislativa, que conocen los temas y no llegan a aprender.
La desventaja es que en su intento por saltar a otro cargo, dejan atorados temasimportantes.

Otro problema es que los “chapulines” siempre obedecen a los intereses partidistas y apoyan las decisiones de su cúpula, y dejan a un lado la representación ciudadana.

Una desventaja adicional: los suplentes –muchos de ellos nunca han hecho trabajo legislativo– aprueban temas que normalmente no pasarían y producen “legislación basura”.

Díaz Iturbe explica que el hecho de que en un sistema político siempre estén los mismos cuadros le resta credibilidad a la democracia.
“No hay forma de frenar a quienes se equivocan, ya que volverán a ocupar otro escaño o curul.
Al no haber forma de castigarlos, siempre se verán las mismas caras y nunca se dará oportunidad a mentes nuevas”.

“Ver siempre a los mismos habla de que las cúpulas, tanto en los partidos políticos como en las administraciones, son las que dictan toda la política, son los que tienen el control del sistema.
No imprimen mayor esfuerzo para que más gente participe”.

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No todas las opiniones censuran el hecho de que los políticos vayan brincando de un cargo a otro.
Luis Medina Peña, doctor en ciencias políticas y sociales por la UNAM e investigador del CIDE, sostiene que los políticos están en toda libertad de contender por otros puestos, pues la regla fundamental de la política, desde que la inventaron los griegos, es sobrevivir.
Eso no puede considerarse algo malo.

Además, justifica a quienes abandonan su cargo antes de concluirlo: “No hay otra forma de hacerlo, aquí no hay la renuncia a los puestos de elección popular.
Aquí no se puede negociar, se tiene que pedir licencia”.

Autor de varios libros sobre el sistema político mexicano, Medina Peña considera que existen más ventajas que desventajas para el ciudadano, ya que quien saltan de un cargo a otro aportan experiencia y diversidad.

Sobre el hecho de que siempre sean los mismos políticos quienes ocupen espacios públicos, Medina Peña piensa que en algún momento se irán integrando propuestas nuevas.

“La clase política se renueva; hay una renovación social: unos se mueren, otros los derrotan, otros caen en el desprestigio, otros se corrompen y siempre hay nuevos.
Unos están entrando y otros están saliendo”.

Medina Peña además está convencido de que no se pueden limitar las libertades profesionales de los políticos con el argumento de que dejan los cargos a la deriva al final de la legislatura, ya que para eso existen los suplentes.

Por otra parte, recuerda que no se puede obligar a nadie a estar tres o seis años en un cargo.
“Es un asunto de libertad personal y los derechos personales son inalienables”.

Y, argumenta el investigador y exdiputado federal, también existe la libertad de trabajo, garantizada por el artículo quinto de la Constitución, según el cual nadie “puede ser obligado a prestar trabajos salvo por sentencia judicial”.

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Los próximos diputados y senadores plurinominales no sólo llevan quinquenios brincando de un cargo de elección popular a otro.
En los períodos de espera para contender por otro de estos puestos, ocupan cargos en secretarías de Estado, delegaciones federales o cualquier otro puesto municipal, estatal o federal.

En las listas de los tres principales partidos existen 40 candidatos de representación proporcional que suman casi 800 años yendo y viniendo de puestos de administraciones municipales, estatales y federales.

Un caso ilustrativo es el del panista Héctor Larios Córdova, que busca ser senador.
Ya ha sido diputado federal en dos ocasiones y senador de 2000 a 2006.
En esos tres periodos ha recibido en total poco más de 9 millones y medio de pesos, sólo por concepto de dieta neta.

Si a esa cantidad se le suman los recursos que recibe por asistencia legislativa, atención ciudadana, gratificación de fin de año y seguro de gastos médicos mayores, entre otras prestaciones, lo que Larios Córdova ha recibido suma 28 millones y medio de pesos sólo en 12 años de trabajo legislativo.

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La polémica no sólo se centra en su habilidad para ejercer el arte del trapecio, también es cuestionado el trabajo que realizan a la luz del sueldo que reciben: la duración de los periodos legislativos de los diputados mexicanos es de 195 días, contra los 226 que duran las sesiones en otros países de América Latina.

Si a la dieta mensual bruta, se suman apoyos como el de asistencia legislativa, atención ciudadana, transporte, una parte proporcional de la gratificación de fin de año (40 días), fondo de ahorro, seguro de gastos médicos mayores y seguro de vida, cada uno de los diputados recibe actualmente ingresos de 218 mil 450 pesos, según se consigna en el estudio “¿Cómo y cuánto gasta la Cámara de Diputados?”, realizado por María Amparo Casar, investigadora del CIDE.

Si se comparan con los países de Latinoamérica, los datos son aún más llamativos: los legisladores de la región perciben un sueldo promedio de 6 mil 712 dólares mensuales, en tanto que cada diputado federal mexicano tiene un salario mensual de 12 mil 310 dólares, sólo por debajo de Brasil, en donde el costo de cada legislador es de 15 mil 942 dólares.

Pero hay una salvedad: si se añaden las prestaciones y subvenciones discrecionales, el sueldo de los diputados mexicanos es 17 mil 800 dólares mensuales.

A eso, la investigadora suma otros indicadores de pobre desempeño: un número excesivo de comisiones con alto rezago en sus labores, la tasa de aprobación legislativa es muy baja y los diputados poseen ínfimos niveles de contacto y cercanía con los electores.

Este trabajo, parte de la serie “El uso y abuso de recursos públicos”, destaca que el resultado más sorprendente de la investigación resultó ser la discrecionalidad y la opacidad del gasto.

Además de las altas remuneraciones que reciben los diputados, los grupos parlamentarios cuentan con casi mil 179 millones de pesos paradistribuir de manera discrecional.

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Una solución para frenar este “chapulineo”, dice Diego Ernesto Díaz Iturbe, director de Impacto Legislativo, es la reelección consecutiva, como se planteó en la propuesta de reforma política, pero estableciendo candados para evitar que se continúe con esta práctica de forma disfrazada.

Una forma de colocar este freno sería, ejemplificó, que un senador reelecto (que haya sumado 12 años) no pueda participar en una elección para diputado en el período inmediato al término sus funciones.
Otra forma sería incorporar la posibilidad de revocación del mandato cuando los legisladores no cumplan con las expectativas de su electorado.

“Son políticas sanas dejar espacios como de colchón.
Estamos a favor de que los legisladores se reelijan, pero con espacios para que dejen entrar a nueva gente.
Si no es así, siempre vamos a ser los mismos.
El Senado próximo que vamos a tener, ejemplifica, son puros dinosaurios”.

Para Luis Medina Peña, la reelección consecutiva que se ha planteado en la reforma política contiene un problema: si se aprueba tal y como el sistema político mexicano está compuesto actualmente, sólo se reforzará la jerarquía de los partidos.

“La reelección aquí funcionaría si hubiera primarias como las de Estados Unidos.
Es decir, que los candidatos a los puestos de elección no sean determinados por la jerarquía del partido, sino que los determine la gente en elecciones previas”.

Si en México se replicara en parte el modelo de Estados Unidos, se debilitarían las jerarquías y grupitos de poder que manejan los partidos.

“Si el partido decide quién es candidato, el partido manda sobre los legisladores.
Si no se obedece, a la próxima lo sacan.
Pero en Estados Unidos no sucede así.
Allá va otra vez a las primarias y si el electorado lo ratifica, tiene que ser candidato a fuerzas”.

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