Nuevo León: atrocidades de la Marina

Publicado el septiembre 25, 2011, Bajo Columna de opinión, Noticias, Autor MonaLisa.


La Jornada / Foto Sanjuana Martínez
Tomado de: http://romperelcercoinformativo.blogspot.com / PROCESO / 25 Sept. 11

La coordinadora de CADHAC, Consuelo Morales Elizondo, insiste en la gravedad de las operaciones: “Les han dado un permiso implícito para que violen la Constitución. Estamos en total vulnerabilidad, pues no hay estado de derecho. Los marinos, militares, policías federales y hasta los agentes de tránsito pueden robar, secuestrar, desaparecer, matar, y no pasa nada. “Cuando los crímenes son de la delincuencia organizada, presionamos a la autoridad para que cumpla, pero cuando es la autoridad, y más siendo la federal, sin control ciudadano de ningún lado, la impunidad es plena”, concluye.

En el país vivimos en un estado de excepción…

No solamente debemos preocuparnos por la violencia en el campo de batalla de la delincuencia organizada y las fuerzas militares que tienen permiso para matar, vejar, desaparecer, interrogar, amenazar…No se digan las policías municipales, como la de San Nicolás de los Garza, donde gobierna un panista cercano a Fernando Larrazábal, si el del escándalo de los casinos y que sigue en la total impunidad, creando redes para su aspiración en breve a la gubernatura: donde ellos pueden detener, encarcelar a ciudadanos indefensos. Al presentarlos ante el juez calificador, todavía con huellas de las esposas colocadas en sus muñecas y que dejaron heridas que tardan menos de quince días en sanar.

Ahí hacen un peritaje médico a ver si el detenido está alcoholizado y después es arrojado a celdas donde los delincuentes comunes también son violentados en sus derechos humanos. No es eso lo más grave, lo terrible y preocupante es la actitud de los policías, que no aseguran al detenido en la patrulla, lo dejan sentado en la parte trasera de la misma, van frenando y el detenido golpeándose, lo pasean por áreas del municipio de Escobedo, no se sabe a quién le reportan – testimonio real- y, finalmente, es entregado el detenido en el CEDECO, sede de la policía, acusado de atentar contra el orden público y mínimo son 12 horas de detención o la paga de una multa de quinientos pesos, la mitad de un salario recibido por muchos ciudadanos en este industrioso estado.

Lo anterior pinta de cuerpo entero lo que sucede, igual lo entregan en otra parte, o cual es el sentido de pasearlo, ir amenazándolo verbalmente y sacarlo unos kilómetros de los límites del municipio. Puede pasarle cualquier cosa al ciudadano atacado por las fuerzas policiacas, así también pudiera aparecer descuartizado o muerto en unas horas después de ser detenido o al día siguiente…esto está pasando en todos los municipios del área metropolitana, San Nicolás de los Garza no es la excepción.

A Romper el Cerco Informativo !
Esto es lo que realmente está pasando……

Arturo Rodríguez García / PROCESO / 25 SEPT 11

Desde hace casi dos años, cuando efectivos de la Marina empezaron a actuar contra el crimen organizado en Monterrey, se han multiplicado las muertes y cautiverios de inocentes, los cateos sin orden judicial, las desapariciones, las torturas y hasta ejecuciones que se atribuyen a integrantes de la Armada. Una defensora de los derechos humanos afirma que los marinos tienen “permiso implícito para violar la Constitución”, de modo que “pueden robar, secuestrar, desaparecer, matar, y no pasa nada”.

MONTERREY, NL.- A casi dos años de haber iniciado sus operaciones contra el crimen organizado en esta zona, la Marina-Armada de México acumula un largo historial de acusaciones por violaciones a derechos humanos: cateos sin orden judicial, detenciones arbitrarias, torturas, desapariciones, ejecuciones, muertes de inocentes y criminalización de ciudadanos sin mayor sustento que supuestas denuncias anónimas.

Los excesos de los marinos son conocidos desde finales de 2009, pero no fue sino hasta el pasado lunes 19 cuando un actor político, el diputado federal Eduardo Bailey Elizondo, denunció haber sido víctima de un abuso.

El legislador federal priista, coordinador de la bancada nuevoleonesa en la Cámara de Diputados y activo promotor de la reforma a la Ley de Seguridad Nacional, sostuvo que la madrugada del jueves 15, cuando fue a Toluca para asistir a la toma de posesión como gobernador de Eruviel Ávila, unos 30 marinos a bordo de seis camionetas blindadas llegaron a su casa en Monterrey. Sin más, sometieron a su esposa y a sus hijos.

Ahora, de acuerdo con el legislador, quien concedió varias entrevistas a medios locales el lunes 19, los marinos se disculparon asegurando que había sido un error, producto de una denuncia anónima que señalaba la presencia de hombres armados. Pero el diputado se dijo extrañado de que el operativo en su domicilio se hubiera efectuado luego de que hizo diversas declaraciones en torno a los permisos de los casinos, en virtud de que él fue uno de los impulsores de la integración de una comisión legislativa que investigue los permisos otorgados por el gobierno federal.

La denuncia anónima

En esta ciudad y su zona conurbada, la Marina-Armada de México inició en noviembre de 2009, antes que en ninguna otra parte del país, sus operaciones en tierra como parte de la guerra de Felipe Calderón contra el narcotráfico.
Como en el caso del diputado Bailey, en la zona se han realizado miles de cateos ilegales conel pretexto de que hubo denuncias anónimas, de modo que los barrios pobres viven bajo un auténtico Estado de sitio, pues tan sólo en los días que siguieron al incendio del casinoRoyale El Universal y Notimex publicaron que la cifra de cateos realizados por fuerzas federales ascendía a 20 mil.

Uno de esos casos fue el de la familia Acosta, de Apodaca. A Gustavo Acosta Luján le dieron un tiro en la cabeza cuando abrió la puerta de su casa ante un operativo de la Marina. Cayó de espaldas, ante la mirada aterrorizada de su padre y los gritos de hombres, mujeres y una niña, quienes se tiraron al suelo para hacer entender al comando que no oponían resistencia.

Convertido, por voluntad del comando, en “criminal”, hasta un alias le inventaron a Gustavo Acosta. Y no cualquier alias. De acuerdo con el comunicado de la Marina, emitido el jueves 1, Acosta Luján tenía por alias M-3. Esa era la clave abreviada de El Metro 3, Samuel Flores Borrego, uno de los líderes del cártel del Golfo ejecutado ese mismo día, por cierto, aunque su cuerpo fue localizado un día después cerca de Reynosa.

Según la familia Acosta, como a la una de la madrugada del jueves 1 el operativo llegó a su vivienda, en la colonia Jardines de San Andrés. María Guadalupe Luján, madre de Gustavo, sostiene que los marinos llegaron a su casa y arremetieron contra la puerta. Su hijo Gustavo, de 30 años, intentó calmarlos y les pidió que lo dejaran ponerse el pantalón. Al abrir recibió el disparo.

En la vivienda se encontraban Gustavo Acosta Reyes y María Guadalupe Luján, padres de la víctima, además de sus otros hijos, Daniel y Paola, y su nieta, de nueve años. Abatido Gustavo, a Daniel, de 19 años, lo encapucharon y le pusieron un arma en las manos mientras los demás eran sacados de su hogar caminando descalzos entre vidrios.

El comunicado de la Secretaría de Marina (Semar), emitido la tarde del jueves 1, estableció que una denuncia anónima alertó sobre la presencia de criminales armados, por lo que acudieron a esa colonia. Sus elementos afirmaron que fueron recibidos a tiros, por lo que repelieron la agresión y resultó muerto “el presunto delincuente” Gustavo Acosta. Agregaron que en el interior de la vivienda localizaron una subametralladora calibre 9 milímetros, un rifle AR-15 y varias dosis de cocaína. A unas casas de ahí la Marina habríadetenido a Osnoel Orlando Peña Serna, alias Mascarita o Chaparro, a quien le encontraron, según el comunicado, 250 dosis de cocaína y 50 gramos de mariguana.

Los miembros de la familia Acosta negaron haber tenido armas o droga y exigieron explicar el alias inventado a Gustavo. “Pudieron hacer cualquier cosa en la casa”, advirtió el padre del fallecido el día de su funeral.

Desaparición forzada

En junio pasado, la Marina desplegó tropas en Sabinas Hidalgo, un municipio que se ha visto afectado tanto por la violencia del hampa como por las operaciones de las Fuerzas Armadas. Como ocurre ya en el área metropolitana de Monterrey, en esa zona las incursiones domiciliarias y las detenciones arbitrarias se hicieron frecuentes desde diciembre pasado, cuando la Secretaría de Marina empezó a dar a conocer acciones en las que detenía o “abatía” a presuntos integrantes de Los Zetas.

Sin embargo, en junio pasado al menos una docena de jóvenes habitantes de ese municipio fueron detenidos por marinos, según testimonios recabados por Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humanos, A.C., de Nuevo León (CADHAC), que ya interpuso dos denuncias.

Los familiares de las víctimas pidieron reservar sus identidades, dado el clima de terror que prevalece, pues se producen represalias contra quienes denuncian a la Marina. Uno de esos casos se produjo cuando un joven hacía base en un sitio junto a su padre, taxista también. El padre del joven, habituado ya al trajín de militares y marinos en el área, ni siquiera se había percatado de que frente a él los infantes llevaban a su hijo detenido, pero alguien le señaló la escena. Entonces corrió para interponerse en el trayecto del camión. Con desesperación clamó por su liberación gritando que era inocente. Sólo le dijeron que si estaba “limpio” se lo regresarían. Hasta ahora no ha vuelto y, luego de varios amparos, ni la Marina ni autoridad alguna admiten tenerlo bajo su custodia.

Otro caso, de los 12 sobre los cuales se tiene registro en el mismo mes, fue el cateo en una vivienda. A medianoche los marinos llegaron, amagaron a una familia y se llevaron a uno de sus miembros, sin que hasta el momento se conozca su destino.

El común denominador de esos operativos de la Marina, como lo ha documentado CADHAC, es que las personas detenidas son llevadas a un lugar desconocido, de modo que cuando sus parientes exigen que se les someta a un proceso conforme a la ley, la Semar niega que se hayan realizado los operativos correspondientes, aunque sus efectivos hayan aterrorizado a las familias y se hayan llevado objetos de valor de sus casas.

Cronología mortal

El primer operativo de la Infantería de Marina en tierra, como parte de la Estrategia Nacional de Seguridad, ocurrió en Juárez, Nuevo León, el 4 de diciembre de 2009, dos semanas antes del tiroteo en el que murió Arturo Beltrán Leyva en Cuernavaca.

Aquel 4 de diciembre la Marina tomó por asalto una finca llamada La Concordia cuando aparentemente los mandos de la plaza pagaban la nómina y el aguinaldo a sus jefes de “estaca”, como se conoce a las células de Los Zetas. El operativo fue un desastre. Los infantes abatieron a Ricardo Almanza Morales, alias El Gori 1, mando de Los Zetas en el área metropolitana, cuyo cuerpo –junto con el de seis personas más– fue expuesto a medios de comunicación con los pantalones abajo… igual que el cuerpo de Beltrán Leyva dos semanas después.

El cerco de seguridad tendido por la Infantería de Marina en La Concordia fue insuficiente y unas 15 camionetas lograron huir rumbo al casco urbano de Juárez, donde un convoy del Ejército, sin saber del operativo de la Marina, acudía a un reporte de tiroteo. Criminales y soldados se toparon en una avenida céntrica a la hora de salida de las escuelas. En el fuego cruzado una mujer que recogía a su hija murió y su pequeña recibió un tiro en la cabeza. Ahí hubo siete muertos más y al menos seis soldados resultaron heridos. Por la tarde, un comando presuntamente de zetas reventó una casa de seguridad en Escobedo, Nuevo León, liberó a 17 detenidos de esa organización criminal y ejecutó a dos agentes federales (Proceso 1728).

La ausencia de coordinación entre el Ejército y la Marina se agrava porque ésta muchas veces utiliza vehículos no oficiales. Mandos militares destacamentados en Nuevo León comentaron al reportero su temor de que, al detectar hombres armados en vehículos civiles, les disparen sin saber que son marinos.

Encubrimientos entre corporaciones

El encubrimiento de crímenes también se facilita por la ausencia de coordinación e información interinstitucional, como ocurrió con una ejecución y una desaparición en las que está implicada la Marina.

El 21 de marzo de 2010, el secretario de Seguridad Pública de Santa Catarina, René Castillo Sánchez, un exmilitar, fue víctima de un atentado. Iba acompañado por sus subalternos, los titulares de Policía, Luis Eduardo Murrieta Maya, y de Tránsito, Antonio Marroquín. Sus escoltas intentaron repeler la agresión. En la refriega murió el policía David Hernández Rangel, además de un civil ajeno a los hechos. Un matrimonio de ancianos resultó herido, así como Murrieta Maya.

Hubo dos detenidos, Lucio Barajas y Humberto Márquez Compeán, quienes fueron transportados en un helicóptero de la Marina a un hospital. Márquez nunca ingresó, aunque al abordar la aeronave fue captado por las cámaras de la televisión local. Horas después fue encontrado muerto, con marcas de tortura, en un predio de San Nicolás de los Garza.

En un comunicado, la Semar responsabilizó de la custodia de Márquez Compeán a funcionarios municipales, con el argumento de que sólo había facilitado el helicóptero. En tanto, el entonces secretario de Seguridad, René Castillo, declaró que “por ser militar” no diría nada sobre la muerte de quien identificaron como narcomenudista.

La Comisión Nacional de los Derechos Humanos emitirá pronto una recomendación por otro hecho, esta vez de desaparición forzada, ocurrido el 12 de noviembre de 2010, en el que están implicados agentes municipales, ministeriales del estado y marinos.

Se trata del caso de Jehú Abraham Sepúlveda Garza, empleado de una constructora que fue detenido por estacionarse en un lugar prohibido afuera de una tienda Oxxo, a unas calles de su oficina. Había dejado sus identificaciones en su escritorio. Fue llevado por dos agentes de tránsito a la comandancia de San Pedro Garza García.

Un video obtenido por su familia deja ver que, antes de ser ingresado, Jehú fue entregado al agente ministerial Miguel Guadalupe Escobedo, alrededor de las 7:00 de la tarde de ese 12 de noviembre. Una hora después Jehú fue conducido a una patrulla por los agentes ministeriales Brenda Lizeth Perales y Mario Berlín López, bajo el mando del comandante Javier Rangel Rojas.

En los registros de la policía de San Pedro, de la Agencia Estatal de Investigaciones (AEI) y del cuartel de la Marina no se asentó el ingreso de Jehú. No obstante, de acuerdo con las declaraciones contenidas en la averiguación previa 347/2010-III del fuero común, la detención se produjo pese a que los agentes que la confirmaron cayeron en contradicciones.

Según los agentes de tránsito, el ministerial Escobedo pidió la custodia de Jehú, pero el agente dice que se lo entregaron con el argumento de que pertenecía a la delincuencia
organizada y que él, a su vez, lo entregó al comandante Rangel; éste, por su parte, declaró que lo llevó a la AEI, donde lo retuvo dos horas sin causa y que luego lo entregó a la Marina.

Frente a los amparos y pedimentos de información, la Semar negó tener al detenido a pesar de que, en una diligencia efectuada el 28 de noviembre, los marinos Francisco Meneses
González y Arnulfo Alejandro García admitieron haberlo interrogado, pero aseguraron que lo dejaron libre 15 minutos después. En otra diligencia, la Semar volvió a negar la detención. El caso está contenido en el informe de Human Rights Watch sobre desapariciones y asesinatos en Nuevo León. Janeth Olazarán, esposa del desaparecido, y Yadira Sepúlveda integraron la investigación que el Ministerio Público no ha seguido.

La coordinadora de CADHAC, Consuelo Morales Elizondo, insiste en la gravedad de las operaciones: “Les han dado un permiso implícito para que violen la Constitución. Estamos en total vulnerabilidad, pues no hay estado de derecho. Los marinos, militares, policías federales y hasta los agentes de tránsito pueden robar, secuestrar, desaparecer, matar, y no pasa nada. “Cuando los crímenes son de la delincuencia organizada, presionamos a la autoridad para que cumpla, pero cuando es la autoridad, y más siendo la federal, sin control ciudadano de ningún lado, la impunidad es plena”, concluye.
Foto Sanjuana Martínez

Violaciones, torturas y ejecuciones, otros ilícitos que les imputan
Acusan en NL a marinos de desaparecer a 16 habitantes

Sanjuana Martínez / Domingo 25 de septiembre de 2011, p. 14

Violaciones con bates de beisbol, tableados, torturas físicas y sicológicas durante días y ejecuciones sumarias son los testimonios de sobrevivientes de secuestros en Sabinas Hidalgo realizados por elementos de la Marina-Armada de México, acusada de desaparecer a más de 16 habitantes de este municipio de Nuevo León.

Las calles del pueblo, que antes fue punto de reunión alegre, pacífico y de paso rumbo a la frontera entre Tamaulipas y Texas, lucen desiertas. El miedo de los habitantes se ha incrementado desde que la Marina patrulla y realiza cateos casa por casa en la madrugada.

Entraron a las cuatro o cinco de la mañana y se lo llevaron, narra María del Socorro Maldonado Lira, vecina de este municipio. Eran muchos marinos. Nos sacaron de la cama y cuando me llevaron afuera vi que ya tenían a mi esposo y se llevaban a mi hijo entre varios. Desde ese 28 de junio no lo ha vuelto a ver. Se llama René Azael Jasso Maldonado, de 27 años. Los marinos no presentaron órdenes de cateo ni de detención.

Hace dos semanas la Cámara de Diputados aprobó la reforma a la Ley Orgánica de la Armada de México, que permitirá operativos contra el crimen organizado, pero apegados a las disposiciones constitucionales, el respeto a los derechos humanos, a los tratados internacionales y a las leyes federales, algo que la Marina no siempre cumple.

El año pasado la Comisión Nacional de los Derechos Humanos recibió 198 quejas contra miembros de la Secretaría de Marina por cateos ilegales, detenciones arbitrarias, tratos crueles e inhumanos, torturas y asesinatos. Sin embargo, el número aumenta vertiginosamente; en el último año, según el ombudsman Raúl Plascencia, se recibieron alrededor de 500. También se han incrementado las recomendaciones que la institución, encabezada por Francisco Saynez, en ocasiones se niega a acatar.
Pueblo intranquilo
Antes de que llegara la Marina a patrullar Sabinas Hidalgo, María del Socorro dormía con las puertas de su casa abiertas. Entre las gallinas que cacarean en el patio y los gansos que revolotean en los charcos de agua explica lo que ocurrió aquella noche aciaga, cuando los marinos desaparecieron a su hijo: “Nosotros estábamos acostumbrados a dormir con la puerta abierta, porque este pueblo era pacífico. Los marinos no tuvieron que tumbarlas, porque estaban abiertas. Escuché cómo le decían: ‘¡Levántate, René! Órale, órale, para afuera’”.

Oziel Antonio, otro de sus hijos, interviene: “Yo estaba dormido y entraron a mi habitación cinco marinos encapuchados. Me asusté. Uno me gritó: ‘No te muevas. Ya te llevó la fregada’. Me echaron una luz azul a los ojos, que me dejó ciego un momento. Luego me ordenaron: ‘Voltéate para abajo, abre las manos y los pies’. Uno dijo: ‘¿Eres halcón, culero?’ Yo le dije que no moviendo la cabeza. ‘Respóndeme con la boca, cabrón’, me dijo. Y le expliqué que soy cajero en la autopista a Nuevo Laredo”.

Cuenta que los marinos llegaron a su casa en 12 vehículos oficiales, que traían en las puertas el escudo de la Armada y la matrícula. Todos estaban uniformados y usaban chalecos con la palabra Marina. Uno le preguntó por su celular y el IPod que tenía en la mesa de noche: ‘¿Qué es eso de IPod?’, le reiteró tres ocasiones el marino, quien exigió una explicación, porque dijo no conocer ese tipo de aparatos. Luego, otro ordenó a los demás: ‘¡Vámonos! Este no tiene nada que ver’”.

Cuando los marinos salieron de su cuarto pudo ver por la ventana cómo otro grupo se llevaba a su hermano. Llevaba las manos esposadas. “Fuimos a buscarlo al destacamento de la Marina en Monterrey, pero nos dijeron que pusiéramos la denuncia sin decir que fue la Marina. Me negué a hacer eso. Sería mentir. Luego nos dijeron que ellos no habían realizado operativos en Sabinas Hidalgo, cosa que es mentira, porque nosotros los hemos visto por las calles. Después nos querían convencer de que lo que vimos fueron vehículos clonados, algo imposible de creer. Conozco las camionetas, las he visto cientos de veces. Trabajo en una autopista donde pasa de todo. Además, los uniformes son idénticos y el armamento era de alto poder. Todo era auténtico. Fue la Marina. Estamos seguros.”

Desde ese día todo ha sido peregrinar para la familia Jasso Maldonado. Primero fueron a Miguel Alemán, Tamaulipas, donde familiares de otros desaparecidos del pueblo señalaban el hotel California como centro de tortura y detención clandestino de la Marina. El lugar acababa de ser desocupado, pero aún tenía los bultos de arena utilizados a manera de trinchera. Luego fueron a Nueva Ciudad Guerrero, Tamaulipas. La Marina montó un campamento.

Cuando la Marina se llevó a mi hermano, también secuestraron a otros tres muchachos. Este es un pueblo pequeño y nos enteramos de todo. Han plagiado hombres y mujeres; a unos los retienen horas, a otros días. Luego los sueltan golpeados, torturados. A nosotros nos robaron tres celulares, un Nextel y un autoestereo. Estos marinos hasta rateros salieron, comenta Oziel.

Por ser taxistas

La desaparición de René Azael está relacionada con la de su amigo y compañero de trabajo Jesús Víctor Llano Muñoz, de 23 años, a quien la Marina raptó cinco días antes, el 23 de junio. Ambos eran taxistas. Su base está en la estación ubicada en Carretera Nacional y Cuauhtémoc, en Sabinas Hidalgo, donde también trabaja el padre de Jesús Víctor. “Ese día que se lo llevó la Marina eran las tres y media de la tarde. Me di cuenta que estaban haciendo un operativo en el hotel San Ángel. Era un convoy de 20 camionetas y dos helicópteros que después se desplazó al hotel La Quinta, junto a la parada de taxis. Allí vi cómo bajaron a un muchacho de una camioneta para subirlo al asiento de atrás. Era mi hijo.”

En ese momento, Jesús Víctor Llano Cobos preguntó a los marinos la razón por la que se llevaban al joven. Me les atravesé. Le dije a uno: ¡Párese! Ese qué lleva allí es mi hijo. De pura casualidad están ustedes en la parada de taxis donde trabajamos, somos gente decente. Y muy groseramente me contestó: ‘¿Este culero es tu hijo? Si no tiene nada que ver luego te lo regreso’. Y se lo llevaron.”

El taxi del muchacho, un Jetta negro, quedó en una calle cercana al hotel San Ángel, donde la Marina lo levantó. Llano Cobos siguió el convoy, pero le ordenaron parar. Tomaron rumbo a Laredo. Llevaban más gente. Vi que llevaban muchachos y muchachas.

El trabajo de taxista se ha convertido en una actividad peligrosa, porque son identificados como halcones de manera automática. Afirma que fue a interponer denuncias ante la Marina, la Procuraduría General de Justicia de Nuevo León y la Comisión Estatal de Derechos Humanos. Estamos con angustia por no saber si comerá. ¿Qué le hicieron?

Cuenta que el cura de su congregación tuvo visiones. Observó cómo otra gente les imputaba falsos testimonios, y eso lo atribuye a tres taxistas nuevos, piratas, que llegaron a la parada y seguramente por rencillas laborales los denunciaron ante las autoridades. “Tengo 26 años de ser taxista. Ahora resulta que todos somos halcones. ¿De dónde sacan eso? Algunos desgraciados lo hacen, pero uno está al día, viviendo de su trabajo. Que investiguen primero antes de llevarse gente inocente. Mi hijo no cometió ningún delito.”

Muestra fotos de su hijo, quien es divorciado y tiene un pequeño. Cuenta que, desde que desapareció, ha investigado otros casos de residentes de Sabinas Hidalgo que han sido desaparecidos por la Marina y que los sobrevivientes narran métodos de tortura terribles, como violaciones con bates y otros tormentos. “En días recientes –dice– se llevaron a Yolanda Iglesias Argueta, de 54 años. Es una señora que vive sola y no ha regresado. Los marinos están actuando como delincuentes. Entran a las casas en la madrugada y se llevan a quien quieren. Seguido realizo viajes largos a los ranchos, y al regresar me entra la lloradera. No es fácil superar esto.

Viles matones

En las oficinas de Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humanos AC, dirigida por Consuelo Morales, el ritmo es frenético. Reciben de manera continua cientos de denuncias sobre desapariciones forzadas desde el inicio de la guerra de Felipe Calderón. En el caso de la Marina, las quejas se han incrementado en la medida en que el gobierno federal ha ido enviando más efectivos a Nuevo León.

Somos la única organización ciudadana que está tomando este tipo de casos. En Sabinas Hidalgo la Marina está desapareciendo mujeres y hombres; hay 16 casos y puede haber muchos más, pero la gente tiene miedo de denunciar. Es sumamente grave. No puede ser que un delito se combata con otro. Es distorsionar la esencia de estos cuerpos, que deben ser de gran prestigio. Ahora están quedando en posición de viles ladrones y matones, afirma Consuelo Morales, monja dedicada a atender a los más vulnerables.

Galardonada recientemente con el premio Alison Des Forges de Derechos Humanos, de Human Rights Watch, Morales insiste en que el ingreso de los marinos a los domicilios sin órdenes de cateo violenta derechos fundamentales consagrados en la Constitución. Los testimonios que tenemos de cómo la Marina está secuestrando gente, cómo la está torturando y asesinando son muy graves. Estamos tratando de documentar todos los casos, pero el miedo tiene paralizada a la población. Se han llevado personas, especialmente de la parte norte, concretamente de Nuevo Laredo, Sabinas Hidalgo y Anáhuac. También de Monterrey y otros municipios de Nuevo León. La experiencia que tenemos es que en la mayoría de los casos no liberan a esas personas. Están trayendo mucha desolación.

En la colonia Garza Ayala, de Sabinas Hidalgo, doña Socorro está inconsolable. Es mediodía y huele a comida casera. Mueve pedazos de pollo en la cazuela, vierte el mole y le echa un vaso de agua. Sin dejar de trajinar dice que su hijo es buen muchacho. Deja el guiso en la lumbre y pasa a la sala, donde tiene una galería de fotos de sus seis hijos y nietos. Muestra un altar en honor a René Azael, encomendado a la Virgen de Guadalupe. Decaigo y mis hijos me levantan, pero me estoy acabando poco a poco. Eso no me duele, sino no verlo, no tenerlo. Quiero pedir a la Marina que lo regrese o que diga qué hizo con él, porque esto no es vida. Estoy muerta en vida.

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