Vivir peor. Por: @RicardoMonrealA

Publicado el agosto 2, 2011, Bajo Noticias, Autor Molotov.

Por RicardoMonreal

La crisis económica que estalló en diciembre de 1994 sacó al PRI del poder cinco años después. La clase media que había hipotecado su futuro a través de la vivienda que habitaba, el auto que manejaba y las tarjetas que debía, prácticamente desapareció y cobró la factura en el año 2000 al gobierno que había prometido “Bienestar para tu familia”.

Otros factores supervinientes en aquel momento fueron el asesinato de Colosio, el levantamiento del EZLN, las disputas al interior de la clase política, el avance de las oposiciones de izquierda y derecha en la mitad de estados y municipios del país, y un candidato presidencial que sedujo mercadológicamente al electorado con la bandera de “el cambio”; pero el inicio fue económico, la crisis de empleo e ingreso que golpeó a la mitad de la población.

Una generación después (según Ortega y Gasset, cada 15 años surge una nueva generación en términos biológicos e históricos entre los pueblos), las consecuencias devastadoras de otra crisis económica amenazan con sacar al PAN del poder el próximo año.

La razón de que el PAN de hoy vaya a seguir la misma suerte que el PRI de ayer es una: el continuismo en la política económica. Privilegiar el mercado externo sobre el interno, blindar la macro debilitando la microeconomía, concentrar la riqueza en lugar de distribuirla, un fisco exclusivamente recaudatorio en lugar de otro compensatorio, son los objetivos que uno y otro partido han dejado sin cambio, vaciando de contenido social y económico la alternancia política.

Las mediciones oficiales sobre ingreso, desempleo y pobreza de los últimos dos años exhiben el rostro social de esta nueva crisis. El Inegi reporta que los ingresos totales reales de los hogares mexicanos cayeron 12.3% de 2008 a 2010. Esto significa que los hogares mexicanos dejaron de percibir mil 629 pesos por mes, es decir, 19 mil 548 al año.

El desempleo se encuentra prácticamente en los mismos niveles que alcanzó durante la crisis 2008-2009. Durante mayo pasado, la tasa de desempleo representó 5.20% de la población económicamente activa; es decir, 2 millones 554 mil personas buscaron trabajo sin encontrarlo. El 70% de ellos, con instrucción superior a la secundaria, en su mayoría mujeres y concentradas en la zonas centro y norte del país.

Con el poder adquisitivo mermado y con una población creciente sin empleo, la pobreza se incrementó de manera paralela. El número de mexicanos en pobreza patrimonial, es decir, los que no pueden cubrir sus requerimientos básicos de vivienda, calzado, salud, transporte público, alimentación y educación, aunque destinaran todos sus ingresos para ello, creció en 7.1 millones de personas, ya que pasó de 50.6 millones (47.7 por ciento) en 2008 a 57.7 millones (51.3 por ciento de la población nacional) en 2010. Cuatro años antes, en 2006, la cifra era de 44.7 millones; es decir, se incrementó a 13 millones el número de pobres patrimoniales en el actual gobierno.

A diferencia de la crisis económica que echó al PRI de Palacio Nacional, la actual es más profunda y extendida. Es una crisis sistémica, acompañada de focos rojos en áreas estratégicas como la seguridad pública, la estabilidad social y el estado de ánimo de la gente. Hoy en día sólo uno de cada tres mexicanos siente que “vive mejor”, como lo pregona la propaganda oficial; siete de cada 10 que tienen trabajo formal o informal consideran que hoy sus ingresos les rinden menos que antes, mientras que la mitad considera que la pobreza, en efecto, ha crecido en el país.

Para la mayoría de los mexicanos, “vivir peor” es tal vez la expresión que mejor sintetiza el saldo de una década de cambio que no existió ni se vio. Especialmente en los últimos cuatro años.

Es de tal magnitud la decepción de la ciudadanía que ahora está volteando al PRI como una alternativa de cambio. “Estábamos mejor, cuando estábamos peor”. Prefiere el pasado conocido que un futuro incierto por padecer.

La izquierda tiene una nueva oportunidad de competir y ganar en 2012. Hay regiones y grupos sociales que rechazan por igual la ineficiencia del PAN y la corrupción del PRI. Puede ser la opción real, si antes delinea un perfil con ciertos prerrequisitos: diferenciarse programáticamente del PRIAN; moverse ideológicamente al centro, despertando la confianza de lo que queda de las clases medias y del empresariado nacional; presentar un bloque amplio y sólido de las izquierdas (electoral, social y ciudadana); aglutinarse en torno a un candidato fuerte, que mueva por igual a los viejos y nuevos electores. Ni la regresión del PRI ni el continuismo del PAN pueden ser opción. El cambio verdadero está a la izquierda.

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