El corrido de Malova y El Chapo Guzmán

Publicado el junio 4, 2011, Bajo Noticias, Autor Andy.

Posteado por Cronos @UnMexicoPosible

Manuel Ajenjo | El Economista |Cuenta Eulalio González Piporro en sus memorias (Autobiogr..ajúa y Anecdo…taconario) que durante una crecida del Río Bravo, los vecinos de Los Herreras, Nuevo León -su pueblo natal-, veían el inusitado espectáculo: “De repente uno de los curiosos gritó: ‘¡Allá viene una barrica completita!’ Con los aros metálicos firmes y con su madera aún no desgajada a pesar de la turbulencia que la había envuelto, apareció ante los ojos de todos aquel preciado objeto que podría servir para tantas cosas. No faltó un valiente que exclamara: ‘¡Yo me tiro a sacarla!’ Y antes de que otros pensaran hacer lo mismo , ya se había echado de clavado al agua para lograrlo” (…) “Antes de alcanzar su objetivo, el intrépido clavadista se vio de pronto envuelto en tremendo remolino que le aflojó los brazos y minó sus resistencia en tal forma que era irremediable su hundimiento. Dándose ya por perdido, apenas sacando la cabeza, alcanzó a gritar: ‘No se les olvidé mi corridooo’­ y el río se lo tragó”.

La anécdota relatada por el querido y admirado Piporro enfatiza la importancia que para la gente del norte llegó a tener, en la primera mitad del siglo XX, la consideración de una vida o una hazaña relatada en un corrido. El corrido, pues, fue en su momento la versión vernácula de los 15 minutos de fama pregonados por Andy Warhol.

El corrido es un género, épico-lírico-narrativo, tradicional de la música mexicana, que comúnmente ha abordado gestas de héroes y caudillos revolucionarios, de bandoleros y gavilleros que retaron al gobierno y a los poderosos; de amoríos, accidentes y tragedias e inclusive han sido dedicados a caballos famosos.

Con el corrido “Contrabando y traición”, -también conocido como “Camelia la texana”- grabado en 1971 por Los Tigres del Norte, surge el subgénero denominado narcocorrido, que tanto auge ha cobrado en los últimos 15 años.

No hay capo que se respete si no tiene cuando menos uno de éstos -auténticos bodrios musicales, pletóricos de mal gusto en sus letras- dedicado a su persona y hazañas.

Pero por donde se le vea, el narcocorrido es un producto de la cultura popular y prohibir su difusión pública, como lo hizo el gobierno de Sinaloa, para algunos es un atentado a la libertad de expresión. Entre éstos se encuentra la legisladora perredista Leticia Quezada, quien aseguró: “La libertad de expresión no se puede coartar, la propuesta es insustentable jurídicamente, pues los narcocorridos se basan en la realidad que el gobierno no ha podido combatir”.

La prohibición recibió el beneplácito del secretario técnico del Consejo de Seguridad Nacional, Alejandro Poiré, quien aplaudió la medida aplicada por el gobernador -panista-perredista de última hora- príista de corazón, Mario López Valdez. Poiré escribió en su Twister: “Narcocorridos son apología del delito y promueven salidas falsas. Hay que enfrentarlos con cultura de la legalidad”.

También la Secretaria de Gobernación manifestó su apoyo a esta manifestación popular: “Toda sociedad tiene derecho a poner reglas a fin de que el ejercicio de la libertad de expresión no atente contra el propio interés colectivo”.

En lo personal considero que la medida es irrelevante y no va a repercutir positivamente en la disminución de la violencia. Mi razonamiento lo apoyo en el hecho que desde el 2002 se prohibió difundir este tipo de música en la radio sin que se haya percibido resultados efectivos. Por el contrarío, en los últimos ocho años se han incrementado el crimen y la crueldad.

De qué sirve la prohibición oficial cuando los CDs con este tipo de canciones están a la venta y existe un portal de Internet del Movimiento Alterado, una tendencia musical que promueve los narcocorridos más gruesos, uno de ellos titulado “Matando Zetas” ha recibido 11 millones de visitas.

Nadie pone en duda que la precitada música es un producto cultural nocivo que hace la apología del delito, pero considerarla como el origen de la inseguridad y el delito es una manera simplista de escurrir el bulto. Los jóvenes no se hacen delincuentes por escucharla.

Las nuevas generaciones caen en la tentación de delinquir no por oír narcocorridos, sino por pobreza, educación deficiente, carencia de oportunidades y empleos bien remunerados. En contraste con la jodidez en la que ellos y sus familias se debaten, contemplan a su alrededor la riqueza y comodidad con las que viven los barones del narco y la impunidad de que gozan.

“Más vale vivir 15 minutos como rey que toda la vida de güey”, es el lema de los jóvenes que adoptan la delincuencia como forma de vida.

Los narcocorridos son efecto, no causa.

A propósito de pum

El pasado lunes en diversos puntos de Culiacán, El Fuerte y Guasave, Sinaloa, fueron colocadas mantas en las que se acusaba a Mario López Valdez -Malova- de haber sostenido, el 6 de septiembre del 2010, una reunión-comida con Joaquín El Chapo Guzmán en un rancho de la localidad, donde se pusieron de acuerdo para usar a la policía ministerial estatal en contra de las organizaciones criminales contrarias al cártel que comanda el delincuente más buscado del mundo.

Por supuesto que Malova negó las acusaciones de las mantas -por cierto éstas manifestaban respeto hacia el Ejército-. Declaró desconocer el paradero de El Chapo. Atribuyó las acusaciones al interés de los delincuentes en que él se quede cruzado de brazos y que la policía ministerial no los ataque ni se coordine con el Ejército.

Argumentó que su agenda es pública y que en ésta puede constatarse dónde se encontraba el día de la supuesta reunión. (Ya parece que va anotar “comida con Joaco”). “Desde que gané la elección no tengo privacidad ni para ir al baño” -dijo para concluir una entrevista-.

No tengo ni motivos ni pruebas para dudar de la veracidad de lo argumentado por el Gobernador sinaloense.
Ignoro, también, quiénes y con qué siniestro objetivo colgaron las mantas anónimas. Pero en virtud de la mala leche que me caracteriza, no resisto la tentación de hacer una letra para un corrido que narre este supuesto acontecimiento.

Voy a cantar un corrido/ al derecho y al revés/ de lo que le ha sucedido/ a Mario López Valdez.

Conocido por Malova/ llegó a Gobernador/ no por el PRI, su partido/ sino por la coalición.

Por ser mal ejemplo, dijo/ para un pueblo de jodidos/ prohibió los narcocorridos/ sin combatir el prefijo.

Sin prisas pero sin pausas/ es parte de su proyecto/ tolerar todas las causas/ pero prohibir los efectos.

Según leí en narcomantas/ colgadas en Cualiacán/ que Malova es buen amigo/ del capo Chapo Guzmán
Y quesque el 6 de septiembre/ pasado, en el Rancho Kila/ los vieron brindando juntos/ con cerveza y con tequila.

Que lo dicho es un engaño/ dijo Mario al dar la cara: “Mis escoltas van conmigo/ yo solo no voy ni al baño/ a saludar a un amigo/ que en mi casa no se para.

Vuela, vuela, palomita/ a esta duda ponle fin:/ ¿serán de verdad amigos/ don Malova y don Joaquín?

Oí por ahí

Si usted ha visto el programa Pequeños Gigantes, estará de acuerdo conmigo que Galilea Montijo tiene una actuación relevante como conductora. No cabe duda de que la guapa tapatía les gusta mucho a los niños. Sobre todo a los de pecho.

ATENCIÓN. Mañana en El Economista, como todos los viernes, la gustada sección: “Circo, Maroma y Votos”. Para que usted se ría de los que se ríen de nosotros. Con monos de Chavo y textos del autor de esta columna que aquí termina.

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